DivagArte: El rock progresivo o rock sinfónico de los setenta. Parte 2.
Una nueva manera de resolver la música popular a través de músicos clásicos de primera magnitud

El Rock progresivo español / C. Cervantes

by | Abr 18, 2026 | #Manchacultura

Como leísteis en la primera entrega del Rock progresivo británico, los ingleses abrieron este camino. Pero como la música en general y el rock en particular nunca han conocido fronteras, esta corriente influyó a un buen puñado de grupos en nuestro país que se mostraba sin timidez, con descaro y cierto buen hacer al público españolito.

Aunque los grupos pioneros del progresivo hispano fueron Los Módulos, Pekenikes y Los Relámpagos, todos grupos madrileños, realmente el grueso del movimiento «Prog» fue andaluz y catalán e incluso algunos grupos de la cornisa cantábrica.

Yo diría que los pioneros madrileños de finales de los cincuenta y principios de los sesenta se fueron quedando atrás mientras en otras zonas de este país se viraba hacia un progresivo menos inventado y más inspirado en las cosas que se hacían fuera de nuestras fronteras. Excepto en Andalucía, donde los grupos «Prog» aprovecharon la riqueza del flamenco y mezclaron todo lo que podían mezclar con las profundas raíces de la música autóctona tradicional.

Podríamos destacar entre toda la avalancha de grupos que se subieron al carro «Prog» a siete grupos andaluces, seis catalanes, cuatro madrileños, dos vascos, dos cántabros y uno asturiano. Desde el punto de vista cronológico, el progresivo español, con mención a su zona de influencia, quedaría más o menos así:

Tabla de grupos / C. Cervantes

Pero como no podemos reseñar las andanzas de todos, me voy a centrar en Azahar y Triana –en esta entrega–, y Bloque e Iceberg –en la siguiente y última entrega de esta serie– porque estos cuatro grupos fueron los que más escuchábamos en mi barrio por aquellas épocas. Estoy hablando desde mediados a finales de los setenta. Empiezo este repaso por un grupo madrileño, pero no de los pioneros, sino más moderno que, curiosamente, se ha asociado con el rock andaluz por el acento de su voz. Pero en realidad deberíamos decir que se trata de rock arábigo, o algo así.

Portadas de discos progresivos españoles / C. Cervantes

Azahar

Fue un grupo de Madrid formado en 1977 con cuatro miembros venidos de diferentes puntos cardinales del globo. Por un lado, la voz del egipcio Dick Zappala había estado en la obra “Jesucristo Superstar”, interpretando el papel de Herodes y venía de colaborar en el disco “Ciclos” de Los Canarios.

Este disco, el de los Canarios, ha sufrido de mala manera el paso del tiempo. Y confieso que me pilló demasiado joven. Yo por entonces estaba más en cosas de lo que a mitad de los setenta llamábamos «rock duro». Ya sabéis mi fascinación por Lou Reed y su Rock’n’Roll Animal. Y estaba también descubriendo el Progresivo británico… «el bueno», para mi gusto.

Mis maltrechas portadas de Azahar y Guadalquivir, con su famoso disco de vinilo verde, el primero que veíamos / C. Cervantes

El disco de Los Canarios en el que colaboró Zappala fue una manera de entender el Progresivo por la puerta de atrás. Los compis de Teddy Bautista se limitaron a tomar las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741) y hacer una versión con guitarras eléctricas. Y el «Prog» no era eso, pero a Teddy Bautista –que

años después se dedicó a recaudar dinero para la SGAE en bodas, peluquerías y bares– debía de tener ya suficientemente desarrollado el sentido recaudador y mercantilista de la música. Y puede ser que de aquellos barros llegaran los lodos de después, y se lió la manta a la cabeza y fusiló musicalmente a Vivaldi, por aquello de las listas de éxitos y las ventas de discos… digo yo.

Además de Zappala (voz y teclados), el grupo Azahar estaba formado por el uruguayo Jorge Barral (bajo), Gustavo Ros (teclados) y Antonio Valls (guitarra) y grabaron su primer disco «Elixir», en 1977 en Madrid. Alguien puede decir ¿y quién era su baterista?… ¡Pues ninguno!

Fotos de Azahar todavía en blanco y negro / C. Cervantes

Azahar era un grupo sin batería que usaba unos bajos potentísimos porque tenían que asumir todo el protagonismo de una sección rítmica sin percusión. Tenían una muy buena sección de teclados, mellotrones y otros instrumentos electrónicos que no hacían echar de menos una sección rítmica completa. Y tuvo bastante buena acogida, incluso apareciendo en programas de televisión. De este disco se extrajo el sencillo ¿Qué malohay, señor juez?, con tanto éxito que fue censurada por el régimen franquista porque su letra desafiaba a la autoridad jurídica:

Tenia yo unos amigos que fumaban humo de reír

pa’ cuando estén muy caídos, les volvieran las ganas de vivir

Y un día me los ligaron por fumar el regalito de dios

Al que resistió, lo mataron… y al otro el juez lo condenó.

¿Pero qué malo hay, pero que malo hay en fumar, señor juez?

Vi a un hombre que, estando borracho, así abuso desuautoridad

y a un vecino que, en su borrachera, a su señora la mató de una «puñalá»

Y unos chicos que estaban fumando a pocas manzanas de allí

a ellos me los encarcelaron… Y al vecino le tocó salir

¿Pero qué malo hay, pero que malo hay en fumar, señor juez?

[Y aquí venía lo mejor]

Yo se que llegará el día en que el Hombre pueda hacer

lo que le venga en gana, sin pedir permiso a usted

Tampoco está muy lejos el día que vea usted su error

Ya esos pobres los suelte, sin que reine elterror

¡Escúcheme señor juez, escúcheme señor juez!

Estas letras, aunque no lo creáis, nos hacían vibrar mucho a los jovencitos de la época porque después de la larga noche del fascismo nos identificaban y nos ayudaban a comprender que la vida era otra cosa que la oscuridad en la que habíamos vivido.

Fotos promocionales de Azahar / C. Cervantes

Esta letras y otras parecidas hicieron que a Dick Zappala lo expulsaran del país, aunque poco después su expulsión fue sustituida por la anacrónica y ridícula figura legal de «destierro» de Madrid. Este aroma a “grupo maldito” convirtió a Azahar en un mito perseguido con numerosos seguidores que abarrotaban los pocos conciertos que ofrecían.

Yo los vi en La línea de la Concepción, provincia de Cádiz, en el campo de fútbol de la Balompédica Linense («la Balona», como llamábamos al equipo los que vivíamos allí).

Por cierto, quisiera enviar desde aquí un abrazo muy fuerte a la buena gente de La Línea. Llegué allí en medio de mi periplo de diez años por Andalucía y fue el primer lugar donde me sentí bien. Y quizá también el último.

Yo viví cerca de dos años en la barriada de los Junquillos de La Línea de la Concepción –que ya era una ciudad con un 60% de paro– en la barriada con el índice de renta más bajo de la provincia de Cádiz (es decir, de España) y con un problema de drogas bestial. Caminabas por las calles de la barriada dando patadas a jeringuillas tipo insulina, de esas finitas que tanto gustaban a los pobres drogodependientes de aquellos terribles años Ochenta.

Portadas de los discos del grupo Azahar “Elixir” y “Azahar” / C. Cervantes

Llegué nuevo a ese barrio con mi pareja de entonces. Al principio entraba en el bar de la esquina y me miraban como diciendo “¿quién es este…?” pero a la tercera vez que charlé con sus parroquianos quedé adoptado como “hijo del barrio” y no tuve ningún problema en una barriada donde la policía no era amiga de recorrerla a pie. Casi dos años en las tripas de unos de los barrios más angustiados de España y ni un solo susto, ni un solo malentendido, ni uno solo problema ni grande ni pequeño.

¡Solo una vez!, que fui a comprar tabaco a un quiosquito diminuto –seguramente ilegal, en aquél tiempo– y me encontré con un gitanillo adolescente que también compraba sus cigarrillos sueltos y que me vio un broche de latón que llevaba prendado en la solapa, regalo de un amigo madrileño. El gitanillo, hijo del barrio de los Junquillos me dijo: “¿me das ese broche?”… Y yo pensé: “ya la hemos cagao…” pero le respondí: “no, es un regalo de un amigo mío”. No hizo falta más parlamento… el gitanillo se giró y se fue por donde vino. Esa es toda la «experiencia traumática» que sufrí durante esos dos años en el agujero más oscuro de Andalucía y de España. Por eso os quiero tanto, linenses. Perdonad mi «momento lagrimita» recordando a la buena gente (y pobre) de La Línea.

Vuelvo a la historia de Azahar, que vio cómo en 1978 Gustavo Ros y el Flaco Barral abandonan el grupo para fundar Azabache. Azahar se rehízo con el teclista Manolo Manrique, el bajista Julio Blasco y… –¡por fin batería!– el baterista Willy Rodríguez. Con esta nueva formación graban el LP “Azahar” en 1979, que sería su segundo y último disco. No solo porque el producto ya no era el mismo, sino porque la desgracia se ceba con ellos: su virtuoso guitarrista Antonio Valls fallecería en la flor de la vida y Willy –el único batería que tuvo Azahar– se suicidó ahorcándose desde los dos bombos de su batería. Grupo maldito como muy pocos.

Triana

Formada en 1974 en Sevilla por JesúsdelaRosa, EduardoRodríguezy JuanJoséPalacios«Tele»,Triana sudaba progresivo pero con influencia flamenca. La primera formación de Triana contaba además con Dolores Montoya y Manuel Molina, aunque ambos abandonaron el grupo pronto, para formar el maravilloso dúo Lole y Manuel. Y así, Triana quedó reducido al trío definitivo.

El grupo Triana en 1976 / C. Cervantes

Yo me pregunto ¿qué habría sido de Triana si hubieran seguido Lole y Manuel con ellos??? Pues seguramente habría sido el grupo más potente de todos los tiempos de la música popular española, sin ningún género de dudas.

Portadas de el grupo Triana / C. Cervantes

Sus primeros discos, El Patio (1975), Hijos del agobio (1977) y Sombra y luz (1979), fueron exitazos inmediatos y son considerados esencia y faro de la música andaluza progresiva, pero cuando su obra se hizo un poco más comercial y popular también recibió el reconocimiento de las listas de éxitos, como el sencillo «Tu  frialdad» del álbum Un encuentro (1980) o «Una noche de amor desesperada», de Un mal sueño (1981),

llegando a ser números uno de los 40 principales.

Supongo que se os ha quedado el culete diminuto al escuchar esta maravilla de “Tu frialdad”. Así era la cosa en aquellos años… Investigad a Triana y encontraréis cosas maravillosas…

Parecía que ese éxito brillantísimo los alejaba del malditismo que sufrió Azahar, pero a finales de 1983 el cantante Jesús de la Rosa sufrió un accidente de tráfico que acabó con su vida y provocó la disolución de la banda.

La idea primigenia de Triana era fusionar flamenco con rock psicodélico y progresivo, inspirados en Pink Floyd, King Crimson y otras bandas británicas de los 70 que ya conocimos en la primera entrega de este tema.

Más portadas de Triana / C. Cervantes

Su primer álbum –oficialmente sin título, pero conocido popularmente como El patio– contiene dos canciones que se convierten en himnos del «prog» andaluz: Abre la puerta y En el lago, esta última ensoñación o quizás una alucinación lisérgica, muy de la época.

En su siguiente disco, Hijos del agobio, afloran temas más domésticos de la realidad de aquella sociedad de la época, más cargados de simbología libertaria: […] todos pretenden saber y decir lo que piensa usted / con elegantes palabras y el gesto duro a la vez. / Queremos elegir, / sin que nadie diga más / el rumbo que lleva a la orilla de la libertad […].

Sombra y luz, su siguiente trabajo, llegó a ser disco de oro, así que os podéis hacer la idea de la fuerza que tuvo este grupo en la música de finales del siglo XX en España. Y desde allí, Triana se catapultó a los éxitos que he mencionado antes de los primeros Ochenta… Peeeeero… En 1983, en un accidente de coche, muere Jesús de la Rosa. Esta fatalidad destroza al grupo y acaba con su recorrido. Su compañero Juan José Palacios confesó: «nos dejó huérfanos de ideas, huérfanos de música…».

La dimensión de Triana es demasiado tocha como para encerrarla en cuatro líneas. Y me da mucha pena no poder hacer un relato laaaargo y pormenorizado. Sólo os invito a que busquéis un ratito calmado y escuchéis con atención la música de este grupazo que, de haber sido extranjero, habría tenido una resonancia mayúscula.

Es una paradoja que para el grupo más importante, para mi, del Prog español sea, quizás, el que menos espacio le otorgué en esta crónica. Pero es precisamente porque solo tenéis que sumergiros en su magia. Y ya estará hecho. A los demás hay que explicarlos más… a Triana solo hay que escucharlo.

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