Nota del Día: Esas canciones que nunca se van
Música, memoria y esos sonidos que regresan para recordarnos quiénes fuimos

La música permanece; quien cambia es quien escucha / #Tintamachega

by | Ene 18, 2026 | #ATinta

Hay canciones que aparecen sin aviso y nos devuelven a otro tiempo. No se limitan a sonar, nos acompañan, guardan quiénes fuimos y siguen ahí cuando volvemos a escucharlas.

A veces no hace falta buscarlas. Una canción aparece sola, en la radio encendida en el coche, en una lista de reproducción aleatoria o como fondo sonoro en un lugar cualquiera. Y de pronto ya no estamos ahí. Estamos en otro tiempo, en otro lugar, siendo otra versión de nosotros mismos. Hay canciones que hacen eso. No se limitan a sonar, nos acompañan. Se clavan en la memoria y se quedan para siempre, incluso cuando creemos haberlas olvidado.

Todos tenemos al menos una. Esa canción que nos devuelve a una etapa precisa de la vida. Basta escuchar los primeros acordes para que regresen las imágenes, los olores, las personas. No recordamos solo la melodía, sino quiénes éramos cuando la escuchábamos. La música tiene esa capacidad única de convertirse en una cápsula del tiempo emocional, de guardar no solo sonidos, sino sentimientos completos.

Lo curioso es que esas canciones no siempre son las mejores ni las más elaboradas. A veces son simples, repetitivas, o incluso cursis. Pero son nuestras. Nos acompañaron en un viaje importante, en una habitación adolescente, en una despedida o en un momento de felicidad. Y eso las vuelve irremplazables.

Con el paso del tiempo, esas canciones cambian, aunque sigan siendo las mismas. Lo que se transforma es nuestra manera de escucharlas. La canción que a los quince parecía una promesa, a los treinta puede sonar a recuerdo, y más adelante a refugio. Algunas duelen cuando vuelven, otras consuelan. Hay canciones que dejamos de escuchar durante años porque tocan fibras sensibles, y un día, sin aviso, podemos volver a ellas con la entereza renovada. La música permanece; quien cambia es quien escucha.

En muchos momentos de la vida, las canciones funcionan como una compañía. Están ahí. No hacen preguntas. No exigen respuestas. Acompañan. No resuelven problemas ni ofrecen soluciones mágicas, pero sostienen.

Quizás por eso seguimos volviendo a esas canciones una y otra vez. Porque en ellas hay algo familiar, algo que nos recuerda que ya estuvimos aquí antes y que sobrevivimos. Nos devuelven una versión más joven, o simplemente distinta, de nosotros mismos, no para quedarnos en el pasado, sino para reconocernos en el presente. Escuchar esas canciones es una forma de diálogo interno, un puente entre lo que fuimos y lo que somos.

Volver a escuchar una de esas canciones es un gesto pequeño, casi íntimo. Es detenerse un instante, bajar el volumen del mundo y permitir que la memoria haga su trabajo. Tal vez por eso vale la pena, de vez en cuando, buscarlas a propósito. Dar al play y agradecerles, en silencio, por habernos acompañado durante tanto tiempo.

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