Cada 8 de marzo, miles de personas salen a las calles en ciudades de todo el mundo. Pancartas, consignas y marchas recuerdan que el Día Internacional de la Mujer ha dejado de ser solo una fecha simbólica para convertirse en una jornada vinculada a más de un siglo de reivindicaciones por la igualdad.
Aunque hoy el 8M forma parte del calendario social y político de muchos países, su origen se encuentra en las luchas de las mujeres trabajadoras de principios del siglo XX. Aquellas protestas, impulsadas por movimientos obreros y feministas, reclamaban mejores condiciones laborales, derechos políticos y reconocimiento en sociedades que todavía limitaban profundamente la participación femenina.
España no fue ajena a ese proceso. A lo largo del último siglo, la historia del feminismo en el país ha atravesado avances decisivos, largos periodos de retroceso y nuevas movilizaciones que han devuelto el 8 de marzo al centro del debate público.
Un origen ligado a las luchas obreras
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la industrialización transformó las ciudades europeas y norteamericanas. Miles de mujeres trabajaban en fábricas textiles y talleres con jornadas largas, salarios más bajos que los de los hombres y condiciones laborales precarias.

En ese contexto comenzaron a organizarse protestas y huelgas de trabajadoras que reclamaban mejoras laborales, derecho al voto y reconocimiento político.
Ya en el siglo XIX se habían producido movilizaciones protagonizadas por obreras textiles, como las protestas de las trabajadoras de las fábricas de Lowell, en Estados Unidos, en la década de 1830. Décadas después, las huelgas de costureras y trabajadoras de la confección se multiplicaron en ciudades industriales de Europa y Norteamérica, especialmente en el sector textil.
Estas reivindicaciones fueron dando forma a un movimiento internacional que vinculaba la lucha por los derechos laborales con la igualdad entre hombres y mujeres.
El paso decisivo llegó en 1910. Durante la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1910, celebrada en Copenhague, la activista alemana Clara Zetkin propuso instaurar un día internacional dedicado a las reivindicaciones de las mujeres.
La propuesta fue respaldada por delegadas de numerosos países y al año siguiente se celebraron las primeras jornadas en varios lugares de Europa, con manifestaciones y actos en ciudades como Viena, Berlín o Copenhague.
El 8 de marzo y la revolución rusa
La fecha concreta del 8 de marzo quedó ligada a un acontecimiento histórico pocos años después. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, miles de mujeres trabajadoras salieron a las calles de Petrogrado, la actual San Petersburgo, para protestar contra el hambre, la guerra y las duras condiciones de vida.

Aquellas manifestaciones, protagonizadas en gran parte por obreras textiles, desencadenaron una serie de movilizaciones que terminaron provocando la caída del régimen zarista y el inicio de la Revolución de Febrero de 1917 en Rusia.
Poco después, el gobierno provisional concedió el derecho al voto a las mujeres. Con el paso del tiempo, el 8 de marzo quedó asociado a aquel episodio y se consolidó como una fecha simbólica dentro del movimiento feminista internacional.
El reconocimiento internacional del 8M
Durante décadas, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se extendió de forma desigual por distintos países, especialmente en Europa y en algunos movimientos políticos y sindicales.
El reconocimiento global llegó en 1975, cuando Naciones Unidas declaró oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Desde entonces, la fecha se ha convertido en una jornada para reivindicar la igualdad, denunciar discriminaciones y visibilizar el papel de las mujeres en la sociedad.

A partir de ese momento, el 8M empezó a adquirir una dimensión verdaderamente internacional, con actos institucionales, movilizaciones sociales y campañas de sensibilización en numerosos países.
El feminismo en España: Avances y retrocesos
En España, las reivindicaciones por los derechos de las mujeres comenzaron a ganar fuerza a principios del siglo XX. Durante la Segunda República Española, el debate sobre la participación política femenina ocupó un lugar central.
Una de las figuras clave de aquel momento fue Clara Campoamor, diputada que defendió en el Parlamento la necesidad de reconocer el sufragio femenino. En 1931 se aprobó finalmente el derecho de las mujeres a votar, que se ejerció por primera vez en unas elecciones generales en 1933.

Sin embargo, los avances se vieron truncados tras la Guerra Civil Española. Durante la dictadura de Francisco Franco, muchos derechos conquistados desaparecieron y el régimen promovió un modelo de mujer centrado en el hogar y la familia. En ese contexto, el movimiento feminista quedó prácticamente silenciado o relegado a espacios muy limitados.
Del resurgir democrático a las movilizaciones actuales
Con la muerte de Franco en 1975 y el inicio de la transición democrática, el movimiento feminista volvió a reorganizarse públicamente. La Constitución Española de 1978 reconoció la igualdad ante la ley y abrió la puerta a nuevas reformas sociales y jurídicas.
Durante las décadas siguientes se aprobaron leyes que ampliaron los derechos de las mujeres y el 8 de marzo comenzó a consolidarse como una jornada de movilización en distintas ciudades españolas.

En el siglo XXI, las manifestaciones del 8M han adquirido una dimensión masiva. Uno de los momentos más destacados fue la Huelga feminista del 8 de marzo de 2018 en España, que movilizó a millones de mujeres en todo el país con paros laborales, estudiantiles y de cuidados.
Más de un siglo después de aquellas primeras protestas obreras, cada 8 de marzo vuelve a llenar las calles de muchas ciudades. La fecha recuerda que la historia del feminismo no es una línea recta, sino un proceso marcado por conquistas, retrocesos y nuevas generaciones dispuestas a continuar la reivindicación de la igualdad.
