DivagArte: Mis malditos favoritos. Segunda parte: los otros dos malditos franceses: Rimbaud y Baudelaire.
En la primera entrega de esta serie hablamos de Verlaine y ahora es el turno de los otros dos «Maudits» –pronunciado «Modí»– que me quedan en la memoria: Rimbaud (el rompefamilias) y Baudelaire (el escalvista)

Rimbaud y Baudelaire, hablando de literatura en un parque / IA

by | Ene 10, 2026 | #Manchacultura

Como supondréis de la anterior entrega de "DivagArte: Mis malditos favoritos", en esta entrega continuamos en los márgenes con esos rebeldes raros que nos destilaron maravillosas páginas tan espectaculares como desconocidas.

Como ya se sabe, Paul Verlaine fue amante de Rimbaud – pronunciado «Rimbó» –, otro «maldito». Arthur Rimbaud (1854-1891). Con solo cuatro años, su padre, militar, abandonó a su familia y nunca más volvió.

Retrato de Arthur Rimbaud a la edad de diecisiete años por Étienne Carjat, 1872 / Bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic

Con 14 años soñaba con viajar a París para escribir. Por fin, en 1870, se escapa de casa, pero al llegar a la estación de trenes en la capital francesa descubren que no tenía billete. Eran tiempos difíciles y es llevado a prisión. Un profesor suyo pagó la fianza para luego devolverlo a casa, pero su madre la emprendió a golpes, hasta que Arthur se hartó y volvió a escaparse hasta París, como haríamos tú y yo.

Rimbaud escribió a Verlaine para pedirle ayuda y Paul le responde: «ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos». Y ya sabemos que lo que siguió a ese mensaje fue una historia de amor tórrida en casa de la mujer y los suegros de Verlaine.

El licor de absenta y el hachís que consumía Arthur Rimbaud no ayudaba a la integración del joven en la casa de los suegros de Verlaine, con la mujer de este por ahí, escudriñando por los pasillos, escuchando tras las puertas gemidos y alientos, y torciendo el morro por la relación sexual de su marido con el bello jovencito.

Además, Rimaud solía burlarse de esa familia ¡en su propia casa!

Caricatura de Rimbaud en la revista “Les Hommes d’aujourd’hui” n°318, de enero de 1888

Luego se enroló en el ejército, viajó por medio mundo y después desertó. Pero su experiencia viajera le dio para proponerse y escribir para la Société de Géographie entre 1883 y 1887.

Sufrió un carcinoma en una rodilla, después de una dolencia mal diagnosticada que le ocasionó la amputación de una pierna. Seis meses después murió a la edad de treinta y siete años. Y a mi me quedan palabras como estas:

Sueño para el invierno

En invierno, viajaremos en un pequeño carruaje

Con cojines azules.

Estaremos cómodos. Un nido de besos locos reposa

En cada rincón mullido.

Cerrarás los ojos para no ver, a través del cristal,

Las sombras gesticulantes de las tardes,

Esas monstruosidades rencorosas, una turba

de demonios y lobos negros.

Entonces sentirás cómo te arañan la mejilla…

Un besito, como una araña loca,

recorrerá tu cuello…

Y me dirás: “¡Mira!”, inclinando la cabeza,

– Y nos tomaremos nuestro tiempo para encontrar a esta criatura

– que viaja tanto…

Rêve pour l’hiver

L’hiver, nous irons dans un petit wagon rose

Avec des coussins bleus.

Nous serons bien. Un nid de baisers fous repose

Dans chaque coin moelleux.

Tu fermeras l’oeil, pour ne point voir, par la glace,

Grimacer les ombres des soirs,

Ces monstruosités hargneuses, populace

De démons noirs et de loups noirs.

Puis tu te sentiras la joue égratignée…

Un petit baiser, comme une folle araignée,

Te courra par le cou…

Et tu me diras : ‘Cherche!’ en inclinant la tête,

– Et nous prendrons du temps à trouver cette bête

– Qui voyage beaucoup…

Dibujo de Rimbaud, por su amante Paul Verlaine en 1872 / https://www.meisterdrucke.es/

Baudelaire, ¿escalvista o víctima?

Charles Baudelaire (1821-1867), pronunciado «Bodelér», fue un caso un poco aparte porque no estaba en la obra seminal del malditismo que escribió Verlaine para recopilar a todos los «maudits» –Verlaine inventó este término–. Y, aunque estamos ante el triunvirato más maldito de la historia de la literatura francesa, en este caso se trata de un maldito con todas las razones del mundo para ser maldito porque se decía de él que era un auténtico hijo de perra (con perdón de las perras, que son unas santas). Es que no se puede decir de otra manera más suave.

Charles Baudelaire fotografiado por Étienne Carjat en 1862

Baudelaire fue acusado de esclavista, de enriquecerse con esa maldita costumbre de los siglos XVI al XIX en Europa de enviar esclavos de África a América, a cambio de pingües beneficios. Su talentazo para la escritura contrastaba poderosamente con ese alma oscura hasta límites máximos que se difundían contra él. No hay pruebas exactas de esa lacra esclavista que le rodeó durante tanto tiempo –que ha llegado incluso hasta nuestro días– y que bien podría ser parte de esa «maldición social» que sufrió en su corta vida.

Cuando Baudelaire nació, su padre –militar–, tenía sesenta y dos años y su madre veintiocho (ojo, a la diferencia). Fue criado por una sirvienta que trabajaba para la familia. Y con solo ocho años escribió una carta de amor a una niña amiga. Su padre falleció cuando Charles tenía apenas cinco años. Poco después su madre se casó con otro militar, vecino de la familia, lo que supuso un duro golpe para el joven Baudelaire quien llegó a odiar a su padrastro.

Su madre –contagiada de la estricta moral de su nuevo marido– giró su postura ante la sociedad, ante el mundo y ante su familia, para mostrarse cada vez más rígida y puritana, aunque se ha dicho que ya mantenía relaciones con el vecino militar mientras estaba casada con el padre de Charles (puritanismos como esos los quiero yo para mí).

Por la influencia de su padrastro, Baudelaire fue internado en un liceo parisino durante casi tres años. Consiguió graduarse como Bachiller superior pero fue expulsado por su rebeldía ante la disciplina del colegio.

En 1840 Charles se matriculó en la Facultad de Derecho y comenzó a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino de París y los ambientes bohemios y libertinos. Llevaba una vida desordenada, lo que acrecentó los altercados con su familia, agravados por sus adicciones al alcohol y a las drogas que rodeaban al ambiente bohemio de París. Frecuentaba prostíbulos y de esas visitas al lado oscuro mantuvo relaciones amorosas con una prostituta judía primero y con una joven mestiza después.

Su padrastro, harto de la vida libertina que llevaba su hijastro, trató de alejarlo enviándolo a Burdeos para embarcarlo después hacia los Mares del Sur. Pero a mitad de camino Charles dio la vuelta y volvió a París.

Publicó por fin Las flores del mal en 1857, con casi 37 años, y acabó de desatar la polémica generada a su alrededor. Los poemas fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y Charles fue procesado ¡por escribir!…

Correcciones de puño letra de Baudelaire a la prueba de imprenta de su gran obra Las flores del mal

Como resultado de sus visitas a los prostíbulos parisinos, Charles contrajo sífilis lo que le ocasionó episodios de parálisis, afasia y hemiplejia que arrastraría durante un año, hasta su muerte en 1866, cuando contaba con solo 45 años de edad.

Baudelaire fotografiado por Gaspard / Félix Tournachon (Nadar)

El caso es que Baudelaireme regó la mirada con versos inquietantes como estos de «Las flores del mal»:

Te adoro tanto como la bóveda de la noche

Te adoro tanto como la bóveda de la noche,

Oh, vaso de tristeza, oh, gran taciturno,

Y te amo aún más, hermosa, porque huyes de mí,

Y porque me pareces, adorno de mis noches,

Acumular con mayor ironía las leguas

Que separan mis brazos de las inmensidades azules.

Avanzo al ataque y trepo a los asaltos,

como un coro de gusanos tras un cadáver,

¡Y aprecio, oh, bestia implacable y cruel!

¡Incluso esta frialdad por la que me eres aún más bella!

Je t’adore à l’égal de la voûte nocturne

Je t’adore à l’égal de la voûte nocturne,

Ô vase de tristesse, ô grande taciturne,

Et t’aime d’autant plus, belle, que tu me fuis,

Et que tu me parais, ornement de mes nuits

Plus ironiquement accumuler les lieues

Qui séparent mes bras des immensités bleues.

Je m’avance à l’attaque, et je grimpe aux assauts,

Comme après un cadavre un choeur de vermisseaux,

Et je chéris, ô bête implacable et cruelle!

Jusqu’à cette froideur par où tu m’es plus belle!

Aquí termina la visión de los poetas malditos franceses. Verlaine, Rimbaud y Baudelaire, tres hijos de militares, tres rebeldes contra las estrecheces morales de su tiempo, tres vidas demasiado cortas, tres poetas magníficos mal mirados y mal comprendidos. Y tres joyas para mi joven mente asombrada, que explotaba en un arcoiris fabuloso ante sus versos. Aunque nos quedan dos últimas entregas de malditismo que no os dejarán indiferentes.

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