Víctimas de terrorismo: ¿son hoy los protagonistas de sus propias historias?
La voz de las víctimas, un recurso que sigue siendo esencial para comprender el pasado y tratar de reparar el presente

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by | Dic 8, 2025 | #Manchacultura

Hablar de terrorismo es hablar de víctimas, memoria y olvido. En España aún hay cientos de crímenes sin resolver y vidas marcadas por la falta de justicia y reparación. ¿Qué podemos hacer nosotros?

Como expresó Ingrid Betancourt, víctima de secuestro durante seis años y medio por parte del grupo terrorista colombiano FARC, “las cicatrices del cuerpo se curan, pero las del alma, no”. Por su parte, Sigifredo López, exdiputado colombiano también cautivo durante siete años, asegura que lo único que podría repararlo sería la verdad, algo que aún no ha obtenido.

Ambos testimonios formaron parte de la última edición de las Jornadas de Terrorismo organizadas por la Fundación Rodolfo Benito Samaniego, creada por los familiares de Rodolfo; ingeniero industrial de 27 años asesinado en los atentados del 11 de marzo en la estación de Atocha (Madrid).

La fundación trabaja desde la convicción de que siempre “queda la palabra”, reivindicando la razón como fuerza legítima para construir una sociedad más justa. En este marco impulsa múltiples iniciativas, entre ellas cursos coordinados con distintas universidades.

En los cursos que ofrecen se reúnen especialistas, víctimas y estudiantes para debatir sobre derechos humanos, reparación y terrorismo desde una perspectiva interdisciplinar.

El terrorismo en España

Cuando pensamos en el terror sembrado por aquellos que buscan conseguir sus objetivos a base de violencia, en España nos vienen a la mente ETA, Al Qaeda, ISIS…

No obstante, si vamos hacia atrás en la historia de nuestro país, a principios del siglo XX, en 1906, fue un grupo de anarquistas quien atentó contra el rey Alfonso XIII. Era el día de su boda, y un ramo de flores en el que habían escondido una bomba casera acabó con la vida de 25 personas y dejó más de 100 heridos, aunque los reyes resultaron ilesos.

Décadas más tarde, en 1968, el grupo terrorista ETA asesinó a José Antonio Pardines, su primera víctima mortal. Fue el comienzo de un período de terror que no cesó hasta el año 2011, cuando la banda comunicó el final del uso de las armas.

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Con el atentado del 11 de marzo de 2004, en el que múltiples bombas colocadas por el grupo terrorista Al Qaeda acabaron con la vida de 193 personas y más de 2.000 heridos, se produce un cambio de paradigma según los expertos.

A partir de entonces cambian la forma de comunicar el terrorismo en los medios, el ámbito político y también el tratamiento de las víctimas.

El papel de las víctimas del terrorismo

Como señaló el periodista Ricardo Arana: “Solo podemos entender el mal si vemos a la víctima del mal”.

Sin embargo, hubo un tiempo en el que las víctimas, no solo no estaban subidas a los escenarios que les pertenecían, sino que simplemente no estaban, como afirma Félix Vacas, docente de Derecho Internacional.

Foto de Keagan Henman / Unsplash

No podemos pretender contar la historia del terrorismo obviando a las víctimas. O tratar de reparar su dolor mientras se ven obligadas a compartir espacios con sus verdugos. Ni tampoco oír sus voces si no estamos dispuestos a escucharlas.

Ana María Vidal-Abarca, fundadora de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo), aseguró que antes había “una extraña manía de ocultar a las víctimas”, quienes sufrían su dolor en un silencio cargado de una especie de culpa.  

Desde la creación de las asociaciones, los avances se han ido sucediendo —lentamente—. En los años 50 se empiezan a realizar estudios sobre la figura de la víctima, naciendo la victimología. En los años 60 comienzan a cambiar las leyes, reconociendo a las víctimas del terrorismo.

En el ámbito internacional, se crea en los años 80 el Estatuto de Roma, que por fin reconoce gran parte de sus derechos —por ejemplo, el derecho a conocer sus propios derechos o a la información sobre lo ocurrido—.

¿Y la justicia?

Si bien el Estatuto de Roma y las asociaciones de víctimas del terrorismo pusieron al fin el foco en quienes habían sufrido la violencia, la justicia es un concepto que difícilmente han podido alcanzar los afectados en la mayoría de los casos.

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Sebastián Nogales, expolicía y presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, es una prueba de ello. En 2002 fue agredido brutalmente por un grupo de radicales de la izquierda abertzale kale borroka— mientras se encontraba de servicio en los Sanfermines.

La justicia no dio por válidas las pruebas ni el relato de los más de diez policías que lo acompañaban ese día, por lo que no hubo condena alguna para sus agresores.  

Hoy existen aún en España más de 300 crímenes de ETA sin resolver. Y en la práctica, muchos de estos delitos han prescrito ya. Por consiguiente, en un mundo donde la justicia no es capaz de dar a las víctimas aquello que sus verdugos les arrebataron, es necesario buscar otras formas de reparación.

¿Qué podemos hacer nosotros por las víctimas del terrorismo?

La memoria y la verdad son palabras que se complementan y dan lugar a una posible vía de reparación. Recordar lo ocurrido y no olvidarlo, estar presentes en el debate público y realizar una labor divulgativa en la enseñanza son algunas de las claves para compensar, si es que es posible, la falta de justicia ante la prescripción de los crímenes.

Por otro lado, que las víctimas puedan contar su verdad es primordial. La verdad permite que los más jóvenes y las generaciones que no vivieron la época del terror —pero viven en un mundo donde el terrorismo continúa acechando— conozcan y comprendan.

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Por último, parémonos a escucharnos entre nosotros. Parémonos a aprender sobre el pasado para tratar de mejorar el futuro. No se trata de hurgar en las heridas ni de olvidar, sino de superar el pasado comprendiéndolo, nunca olvidándolo.

Se trata de encontrar un lugar en el que el pasado duela menos, pero también esté presente y pueda educar en valores positivos. Ese lugar en el que escuchar a las víctimas se convierta en una responsabilidad.

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