Nota del Día: El día en que el calendario sugiere una fugaSobre la necesidad humana de soñar en el descanso

Nota del Día: El día en que el calendario sugiere una fuga
Sobre la necesidad humana de soñar en el descanso

El calendario nos regala pequeñas sorpresas a lo largo del año: Celebraciones serias, efemérides que hablan de historia y memoria, y también días que parecen un guiño travieso del tiempo. El 11 de enero figura como uno de esos días que, a primera vista, hace fruncir el ceño: ¿Por qué dedicar un día a planificar vacaciones justo después de las celebraciones navideñas, entre la cuesta de enero y la vuelta al trabajo?

Quizá porque es ahí, entre el último polvorón y los buenos propósitos, donde empieza a germinar el impulso más humano de todos: El de imaginarse lejos de la rutina.

Este día no ha surgido por casualidad ni por capricho del mercadeo turístico. Se asienta sobre un hecho más profundo: Los seres humanos necesitamos anticipación. No solo para organizar maletas o comprar billetes baratos, sino para sostener nuestros ánimos cuando la vida cotidiana aprieta.

La voluntad de soñar con destinos tropicales, caminos de montaña o ciudades históricas funciona como un hilo conductor que mantiene vibrante la expectativa de algo distinto, de algo que merezca la pena, en ese momento en que la depresión postvacacional hace mella en nuestro ánimo.

Planificar un viaje tiene un componente lúdico que va más allá de lo práctico. Puedes pasar horas decidiendo si dormirás frente al mar o en el corazón de una ciudad, si probarás gastronomía local o si te perderás por senderos naturales.

Ese proceso, curioso como pocos, pone en marcha zonas del cerebro donde se dibujan futuros posibles que nos hacen sonreír en medio de la grisura invernal. Es un ejercicio de imaginación con pies en la tierra, porque reclamar días de descanso, reservar alojamientos o mirar conexiones de vuelo implican una pequeña toma de poder sobre tu propio tiempo.

En muchas culturas, empezar el año pensando en viajes y escapadas tiene sentido práctico. Enero, aunque frío y silencioso, sigue siendo un mes de rebajas y oportunidades: Es un terreno fértil donde los sueños turísticos se fertilizan con ofertas, promociones y flexibilidad de fechas. Desde los cruceros más ambiciosos hasta los safaris en África o excursiones culturales por Japón, la planificación temprana permite seleccionar sin la presión del último minuto.

Esto abre una pregunta interesante: ¿Degenera la vida humana cuando las escapadas programadas se convierten en pequeñas reservas de felicidad? Tal vez no sea degeneración, sino una forma evolucionada de esperanza estructurada.

Tener algo que esperar, algo que marcar en el calendario como días diferentes, alimenta el espíritu del viajero que llevamos dentro. Para muchos, el simple acto de hacer listas, destinos que visitar, monumentos que fotografiar, experiencias que vivir, mitiga la monotonía. Es una técnica casi terapéutica para mantener el ánimo cuando las obligaciones pesan más que los sueños.

El Día de Planificar tus Vacaciones también confronta una paradoja: Suele celebrarse en un momento en el que la mayoría aún no ha usado casi ni un solo día de descanso del año. La lógica de esperar hasta junio o agosto para pensar en viajes intensos puede ceder ante el atractivo de organizar con anticipación, de aprovechar puentes, de entrelazar festivos con escapadas estratégicas. Es un juego con el calendario que transforma días ordinarios en ventanas abiertas al descubrimiento.

Además, planificar es un acto de responsabilidad que, aunque suene contradictorio, aumenta la sensación de libertad. Cuanto más claro está el plan, menos ansiedad genera. Elegir un destino, decidir la duración, prever gastos y escoger actividades ayuda a encajar piezas en un rompecabezas personal donde cada pieza corresponde a una fracción de tiempo propio. El viaje deja de ser un concepto nebuloso para convertirse en una serie de decisiones concretas que acercan la meta.

Es interesante observar cómo un día tan específico, al principio casi anecdótico, sirve de excusa para replantearnos nuestra relación con el tiempo. En una sociedad donde el ritmo laboral y las obligaciones parecen devorar cada minuto, dedicar un día a planificar vacaciones se parece más a una declaración de intenciones que a una fecha cualquiera del almanaque.

Nos invita a recordar que el tiempo que poseemos es un recurso que podemos destinar a experiencias que nos enriquezcan, que nos enseñen o simplemente que nos hagan reír hasta que duelan los músculos de la cara.

Ese potencial de anticipación también se contagia a otros ámbitos de la vida. La misma energía que se utiliza para decidir si explorar una selva tropical o recorrer un casco histórico puede servir para visualizar otros objetivos: Cursos que queremos hacer, proyectos personales que queremos iniciar, cambios de vida que hemos pospuesto por falta de impulso.

En ese sentido, la planificación de vacaciones se convierte en una metáfora de la planificación de la vida. Es descubrir que, a veces, empezar por un escape soñado puede llevarnos a un crecimiento más profundo y amplio.

Si algo tiene este día es la capacidad de provocar una sonrisa imprevista: Antes de que llegue el estrés primaveral o las prisas del verano, hay aquí una pausa. Una pausa en la que te sientas con un café en la mano, quizás mirando un mapa o scrolleando destinos en una pantalla, y te permites imaginarte en otro lugar. Quizá cerca del agua. Quizás caminando por calles antiguas, con un helado en la mano. Quizá simplemente viendo un atardecer con otra luz, otra brisa, otra cadencia.

Si el calendario sabe algo, es que siempre hay un momento para soñar. Y si ese momento tiene nombre y apellido, como el 11 de enero, Día de Planificar tus Vacaciones, quizá lo más curioso de todo sea descubrir cuántas puertas puede abrir una simple idea.

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Vaya por delante que no tengo formación en pintura y en arte abstracto. Me gusta, claro, y
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