Nota del Día: La Constitución. El pacto que dió ejemplo a un país que hoy juega a romperse por deporte
En los tiempos que corren, hemos roto el mayor consenso que nos dejó la Carta Magna: "Pactar, pactar, pactar"

La voluntad de entenderse: el mayor consenso que hemos roto / #Tintamanchega

by | Dic 6, 2025 | Sin categoría

Aquel pacto entre enemigos dio ejemplo a un país que hoy rompe consensos por deporte. La lección sigue viva: Sin pacto, no hay futuro. A ver si no repetimos el error.

Cada 6 de diciembre desempolvamos la Constitución como quien abre un arcón antiguo: Con respeto, sí, pero también con una torpeza que delata que ya no recordamos bien cómo la construimos. Lo incómodo, y lo necesario, es admitir que aquel pacto se fraguó entre personas que habrían podido mandarse al paredón unos a otros pocos años antes. Y que, sin embargo, tuvieron la sensatez, o el cansancio, o la pícara lucidez de entender que el país no aguantaba otra ronda de heroicidades inútiles.

Hoy nos gusta romantizar el 78, pero se nos olvida que aquello no fue un idilio, sino una negociación áspera entre gentes que desconfiaban hasta del aire que respiraban. Y aun así pactaron. No porque se quisieran. No porque se admiraran. Pactaron porque sabían que, cuando la Historia se pone brava, a veces la única forma de seguir vivos es dejar de hacerse los valientes.

Esa es la grandeza incómoda del pacto constitucional. Nadie ganó del todo y, por eso mismo, ganó el país. Fue un acuerdo que dejó heridas sin cerrar, sí, pero también evitó que se abrieran otras peores. No fue un monumento a la pureza, sino a la inteligencia práctica: La certidumbre de que, si uno quiere convivir, no puede dedicarse a incendiar la casa común por el gusto de ver arder al vecino. Algunas personas que hoy ostentan la palestra, podrían haber aprendido esta lección.

En estos tiempos nuestros, tan aficionados al insulto fácil y al dedo acusador, cuesta imaginar algo parecido. Vivimos instalados en una bronca que ya ni necesita argumentos, le basta con la costumbre. Cada cual atrincherado en sus certezas, esperando que el otro se equivoque para poder gritar más fuerte. Se confunde la firmeza con la soberbia, la convicción con el desprecio, la discrepancia con la licencia para deshumanizar.

Y así vamos, jugando a héroes de tertulia mientras olvidamos que las democracias no mueren de un disparo. Se desangran por arrogancia. La Constitución no es perfecta, ni falta que hace, pero sigue siendo una advertencia escrita con la tinta de un país que aprendió, a base de golpes, que o se pacta con quien piensa distinto, o no se pacta con nadie, y eso ya sabemos cómo termina.

Hoy, más que celebrar lo que firmaron, convendría recordar lo que se tragaron, lo que cedieron, lo que aceptaron a regañadientes. Porque aquella firma no fue una fiesta, fue un sacrificio. Y ese espíritu, que ahora miramos con suficiencia, es el que nos falta para dejar de darnos lecciones y empezar a darnos la mano, aunque sea por interés.

En el fondo, la enseñanza es de una sencillez brutal: Si los que habían sido enemigos pudieron pactar, nosotros no tenemos excusa. Lo demás son cuentos para quien se los quiera creer.

NOTICIAS DESTACADAS

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com