Ya que empieza un nuevo año, es momento de mirar hacia adelante, de plantearnos qué queremos cambiar y cómo queremos vivir. Y si miramos cómo tratamos la salud mental en este país —y también aquí, en La Mancha— lo que vemos no es precisamente un rostro cuidado, sino despreocupación, abandono y silencio.
Los políticos hacen discursos bonitos, campañas institucionales impecablemente diseñadas, declaraciones que aseguran que “la salud mental es una prioridad”. Pero luego llegan las listas de espera, el “ya te llamaremos”, el estigma, el miedo a hablar en voz alta… y la realidad golpea duro.
Yo sé qué significa que tu vida dependa de que te crean, de que te acompañen, de que tu sufrimiento no se cuestione ni se minimice o invalide. No hablo desde la teoría, sino desde la experiencia. He aprendido que pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de valentía.
Y también he aprendido que la mayoría de veces el sistema llega tarde… o directamente no llega. Por eso creo que no basta con desear que 2026 sea un año mejor para la salud mental: hay que marcarse objetivos claros y exigirlos. Aquí van los diez que yo propongo;
1. Dejar de hablar solo cuando hay tragedia
En La Mancha, y en España en general, solo hablamos de salud mental cuando hay una desgracia. Cuando hay muertes, morbo y titulares. Entonces fingimos preocupación como sociedad… hasta que el tema deja de ser rentable. Necesitamos una conversación constante, honesta, divulgativa. Hablar antes y no después.
2. Acceso real y público a atención psicológica
Basta ya de discursos si no hay inversión. No es aceptable esperar meses, o más de un año, para una primera cita. No es justo que quien tiene dinero pueda tratarse y quien no, simplemente aguantar. Si la salud mental es salud, que lo sea también en los presupuestos. Más profesionales y menos excusas.
3. Mirar con responsabilidad a infancia y adolescencia
Si seguimos dejando a niños y adolescentes sin apoyo psicológico en los colegios, sin educación emocional, sin detección temprana, no podemos sorprendernos cuando se repitan los errores de siempre. Invertir en ellos no es gasto: es futuro.
4. Luchar de verdad contra el estigma
No es suficiente con decir “ir al psicólogo es normal”. Hay que cambiar cómo hablamos, cómo informamos y cómo señalamos. Hay que escuchar a quienes vivimos realidades complejas sin reducirnos a una etiqueta, miedo o desconfianza.
5. Cuidar a quienes cuidan
Psicólogos, enfermeras, auxiliares, cuidadoras… muchísimos profesionales sin recursos y sin reconocimiento. Exigimos resultados pero no ofrecemos condiciones dignas. Si no cuidamos a quienes cuidan, todo el sistema se caerá.
6. Entender que el trabajo también enferma
La precariedad e inestabilidad, la presión constante, la imposibilidad de conciliar… eso también enferma a la mente. Faltan condiciones laborales que no destruyan la salud mental de las personas. Sin dignidad laboral no hay salud mental.
7. Reconocer la diversidad de experiencias
No todos los sufrimientos caben en diagnósticos cómodos. Hay trastornos complejos, muy desconocidos, nada comprendidos, pero reales. Invisibilizarlos no los hace desaparecer. Escuchar, validar y respetar es parte del proceso de sanación o autocomprensión.
8. Pasar del “tú puedes” al “cuenta conmigo”
Nos han enseñado la fortaleza individual como solución para todo. Y no. Un buen entorno salva. La compañía salva. Un abrazo o una escucha sincera salva. Necesitamos aprender a cuidarnos unos a otros.
9. No olvidarnos del territorio
Vivir en un pequeño pueblo de La Mancha no debería ser sinónimo de tener menos derechos emocionales que vivir en una gran ciudad. Pero la mayoría de veces lo es. Faltan profesionales, faltan servicios básicos, falta presencia institucional. La salud mental también se defiende cuidando el territorio.
10. La salud mental también es política
No es solo cuestión de terapia. Es vida digna. Si la política no mejora las condiciones reales, el sufrimiento seguirá creciendo, los trastornos y enfermedades de la salud mental irán en aumento y nos encontraremos en un callejón sin salida.
Si al terminar 2026 hemos avanzado en estos objetivos, estaremos construyendo una sociedad más honesta, más justa y más humana. Una sociedad en la que pedir ayuda no sea motivo de vergüenza, donde sufrir no implique soledad, donde la palabra “loco” deje de usarse como algo despectivo.
Yo no escribo esto desde el desconocimiento. Lo escribo desde mi propia lucha, desde mi propia historia, desde mis heridas y también desde mi esperanza.
Ojalá 2026 no sea otro año de promesas vacías. Ojalá, en La Mancha y en cualquier lugar de este país, empecemos por algo tan sencillo y tan revolucionario como esto: decidir que cuidar la salud mental no es compasión, sino un acto de responsabilidad como sociedad.
Y llegados hasta aquí, solo me queda una cosa: desearos un muy feliz año nuevo. Que 2026 nos encuentre más conscientes, más valientes, más críticos… pero también más humanos, más solidaria y más unidos. Gracias por leer y por no mirar hacia otro lado.
