La maldición del Sonderkommando en Auschwitz-Birkenau
¿Puede juzgarse moralmente a quien actuó bajo amenaza de muerte?

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by | Feb 9, 2026 | #Manchactual

¿Puede juzgarse moralmente a quien actuó bajo amenaza de muerte? El Sonderkommando de Auschwitz obliga a replantear los límites entre víctima y verdugo en uno de los capítulos más incómodos del Holocausto.

Conocido como el “comando del cielo”, fue una de las figuras más desconocidas y macabras del engranaje de Auschwitz-Birkenau.

Descubrir el Holocausto a través de los testimonios de los supervivientes permite entender que la crueldad humana puede superar límites incomprensibles para una persona corriente.

Más allá de las deportaciones, los malos tratos, las vejaciones, los asesinatos indiscriminados y las selecciones de prisioneros, el campo albergó engranajes de exterminio que todavía hoy resultan difíciles de comprender. Entre ellos, el Sonderkommando.

Eran los grupos de prisioneros que trabajaban en las cámaras de gas de Auschwitz, y se los denominó comandos especiales. Eran obligados a desempeñar la tarea más extrema del proceso de exterminio.

El Sonderkommando

Los comandos especiales o los Sonderkommando eran grupos de prisioneros obligados a cumplir con funciones relacionadas con los cadáveres, las cámaras de gas y los crematorios.

Resulta ilógico pensar que los nazis confiaran su secreto mejor guardado a parte de los propios prisioneros; sin embargo, la lógica no era el punto fuerte del régimen nazi. Los prisioneros de dichos comandos especiales fueron considerados portadores de secretos y, por ello, debían ser eliminados de forma periódica.

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Debían revisar los cuerpos en busca de objetos de valor escondidos, extraer piezas dentales de valor y transportar los cadáveres a los hornos crematorios. Para asegurar el funcionamiento de la maquinaria nazi, eran relevados bajo engaños.

Para llevar a cabo ese relevo, se les decía que iban a ser trasladados a otro lugar. Cuando subían a los camiones, les daban unas vueltas por el campo y luego eran dirigidos de nuevo hacia las cámaras de gas, donde eran gaseados del mismo modo que habían presenciado con tantos otros.

Vida, muerte y percepción dentro del campo

La realidad es que, en Auschwitz, muchos otros prisioneros tenían sus reservas con los miembros del Sonderkommando.

Los nazis intentaban asegurar el funcionamiento del Sonderkommando mediante grandes cantidades de alcohol y privilegios mínimos relacionados con la ropa o la comida que recibían.

Esto llevó a algunos prisioneros a desconfiar de ellos, llegando a decir que eran unos borrachos que trataban a todos igual que los SS. “Eran un ejemplo más de la perdición del hombre en esta selva envuelta en llamas llamada Birkenau”, dijo Seweryna Szmaglewska, superviviente.

Sin embargo, también hay relatos que confirman que algunos miembros del Sonderkommando habrían puesto en riesgo sus vidas para entregar a los prisioneros judíos recuerdos que les habían dado sus familiares antes de entrar en las cámaras de gas.

Aunque hicieron grandes esfuerzos por transformarse en personas sin emociones para no tener que soportar el horror, también se esforzaron por preservar la dignidad de las víctimas, mirando hacia otro lado cuando las mujeres se desnudaban o tratando de no arrastrar los cuerpos por la tierra o los escombros.

El silencio después de la guerra

Tras la guerra, se encontraron manuscritos de miembros de los comandos especiales escondidos cerca del campo de concentración. Uno de ellos pertenecía a Marcel Nadjari, quien escribió: “No estoy triste porque voy a morir, estoy triste porque no podré vengarme como quisiera”.

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Como Nadjari, hubo otros miembros del Sonderkommando que sobrevivieron. Junto con Shlomo Venezia, Filip Müller o Dario Gabbai, todos se vieron envueltos en una situación profundamente controvertida. Algunas personas, incluso dentro de la comunidad judía, interpretaron que habían formado parte de la maquinaria nazi.

A los Sonderkommandos les afectó más si cabe que a otros supervivientes el silencio de la posguerra, cargado de culpas y reproches. Gran parte de la sociedad no fue capaz de sortear la ambigüedad que les provocaba que estas personas hubieran podido vivir situados entre la víctima plena y el verdugo evidente.

Aquello hizo que los Sonderkommando que sobrevivieron quedaran durante décadas colocados en un limbo, en un lugar incómodo de la memoria en el que todos parecían obviar que lo hicieron bajo amenazas constantes de muerte.

La rebelión del Sonderkommando

Una prueba de que estos prisioneros también rechazaban activamente el exterminio y estaban radicalmente en contra de lo que los nazis estaban haciendo es que en 1944 decidieron rebelarse en Auschwitz.

Colocaron explosivos en los crematorios para tratar de boicotear el exterminio. Desafortunadamente, el plan fracasó y muchos de ellos intentaron huir aprovechando el caos, aunque fueron capturados de nuevo y ejecutados el mismo día.

Supervivientes como Gabbai aseguraron que no podían desobedecer órdenes, pues eran castigados brutalmente y vivían bajo la constante amenaza de ser arrojados vivos a las llamas de los crematorios.

Memoria, juicio y ambigüedad

El silencio no empezó a romperse hasta la década de 1980, cuando un historiador especializado en el Holocausto trató de desentrañar la historia de los prisioneros obligados a trabajar en las cámaras de gas. Según la BBC, Greif aseguró que, al comenzar su investigación, todavía se consideraba a los miembros del Sonderkommando colaboradores y asesinos.

Lo cierto es que nadie se había detenido a escuchar a los menos de cien supervivientes que habían vivido aquel calvario.

Hasta nuestro presente, cada nuevo descubrimiento sobre Auschwitz ha sido una nueva manera de confirmar que la maldad nazi no tuvo límites. Utilizar a los propios prisioneros para realizar la tarea más extrema del campo fue una argucia arriesgada, pues implicaba permitirles ver y participar de su mayor secreto.

Y, sin embargo, no debemos olvidar que la supervivencia de algunos miembros del Sonderkommando permitió descubrir detalles esenciales de la maquinaria de las cámaras de gas que, de otro modo, quizá nunca hubieran salido a la luz. Aun así, los nazis, conscientemente o no, consiguieron algo muy cruel: que la línea divisoria entre víctimas y verdugos se difuminara. En estos detalles se encuentra la importancia de seguir contando, incluso más de ochenta años después, la realidad de Auschwitz-Birkenau, un lugar en el que, sin duda, la realidad superó a la ficción

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