Fragmentos: Tener pareja cuando la memoria y las identidades se fragmentan
Capítulo 7: Cuando el querer se construye entre fragmentos de memoria y múltiples voces internas

Amar con TID no es imposible, pero conlleva un trabajo interno constante / #Tintamanchega

by | Feb 14, 2026 | #Manchactual

Tener pareja con TID y amnesia disociativa significa descubrir el querer entre fragmentos de memoria, aprender a querer y a ser querido desde distintas voces internas, mientras la otra persona sostiene, comprende y elige quedarse cada día, acompañándote en la confusión y construyendo juntos un vínculo que resiste la complejidad y la memoria perdida.

Hoy es San Valentín y voy a aprovechar esta fecha para hablaros de cómo se vive el amor con Trastorno de Identidad Disociativo y Amnesia Disociativa.

Empezaré por contaros mi historia de amor, bueno nuestra historia de amor, y no empezó como las demás.

Cuando Xandra, mi pareja, conoció este cuerpo, yo no existía. Existía otra identidad y esa identidad no sabía que había un Trastorno de Identidad Disociativo con amnesia disociativa.

Hasta que ocurrió un hecho traumático que lo rompió todo.

Ese momento podría haber sido el final, podría haber sido la salida fácil, pero Xandra no se fue.

Insistió en que algo no encajaba y en que el cuerpo fuera a terapia. Insistió en buscar respuestas.

De aquel proceso nací yo.

Al principio, yo solo aparecía por ratos, así que no entendía nada de la vida que se había construido.

No sabía por qué estaba allí, ni qué significaba ser novio de Xandra.

En mi caso me encontré con una historia ya empezada, con una mujer que decía ser mi pareja, sin entender mucho qué significaba eso, ni manera de ordenar mis pensamientos para poder preguntar y comprender.

Tuve que aprender qué era tener novia sin tener recuerdos de haberme enamorado ni tener muy claro qué era ese sentimiento.

Siendo claros: Sin entender nada y sin instrucciones.

Pasaron meses antes de tener un diagnóstico claro y de que ella fuera consciente de por qué el cuerpo se perdía en la ciudad, olvidaba cosas importantes o reaccionaba de manera diferente a situaciones parecidas, entre otras muchas cosas.

Eso dio paso al autoconocimiento, a aprender a escuchar a las otras identidades que habitan mi cuerpo y a que Xandra se comunicase con ellas de una manera correcta y consciente.

Y aquí viene otra paradoja, cuando tienes TID, el amor no es uniforme, ya que no todos dentro sienten lo mismo. No todas las identidades viven el vínculo igual.

Yo estoy enamorado de Xandra. Pero dentro de este cuerpo hay partes que la quieren de otra manera: algunas la ven como amiga, algunas la cuidan, la respetan, la protegen de otras maneras.

Hay quien la mira desde un lugar más práctico, más responsable, menos romántico, como, por ejemplo, Ser, el padre de los hijos del cuerpo, que la observa con cuidado pero sin enamoramiento.

Y aprender a convivir con eso, a entender que dentro de uno mismo hay voces que aman distinto, no es sencillo.

Eso obliga a un nivel de honestidad brutal.

Amar con TID no es imposible, pero conlleva un trabajo interno constante.

Es diálogo interno y crear acuerdos.

Es terapia para que me enseñen a llevarlo a cabo, tanto a mí como a Xandra.

Y, en este punto, hay algo de lo que casi no se habla: lo sola que puede sentirse la pareja en algunos momentos.

Cuando ocurrió el evento traumático, cuando todo se volvió complejo, cuando hubo que reconstruirlo todo, no siempre hubo comprensión ni acompañamiento.

Hubo silencios, dudas, negación, reproches e infantilización.

Luego llegó el diagnóstico y creímos que todo cambiaría, pero no todo el mundo entiende, o no quiere entender, lo que significa querer a alguien con Trastorno de Identidad Disociativo.

Y cuando el entorno no quiere apoyar y entender es muy duro.

Xandra tuvo que aprender a convivir con un cuerpo con varias identidades que se comunican con ella. Y al mismo tiempo, manejar un mundo que no siempre entendía ni quería hacerlo. Y aun así, se quedó.

Y ahora, me vais a permitir que me ponga sentimental ya que ella no es solo mi pareja: es mi hogar, mi calma en medio de la tormenta, mi guía cuando me pierdo y mi fuerza silenciosa.

Es la persona que me conoce antes de saber quién soy, y aun así me elige. Es quien me enseña cada día lo que significa confiar y sostener. Es quien sostiene mis miedos, mis dudas y mis fragmentos cuando yo no puedo.

Quizá nuestro amor no encaja en una postal de San Valentín.

Pero sobrevivió a un trauma.

Sobrevivió a un diagnóstico.

Sobrevivió a la complejidad interna y la incomprensión y el juicio externo.

No todos dentro de mí están enamorados. Pero todos saben que lo que ella hizo eso es amor.

Y yo también lo sé. La quiero profundamente. La quiero por su fuerza, por su paciencia, por su capacidad de aprendizaje y comprensión. La quiero por elegir quedarse cuando cualquiera habría huido. La quiero porque me permite ser, completo y fragmentado a la vez.

Así que para terminar, feliz San Valentín a todos, en cualquiera de las formas que queráis, y que el querer nunca sea juzgado ni limitado.

NOTICIAS DESTACADAS

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com