Fragmentos: La Mancha no puede quedarse sin salud mentalEl debate sobre Mancha Centro va mucho más allá de un hospital: habla de cómo cuidamos —o dejamos de cuidar— la salud mental de más de 200.000 manchegos

Fragmentos: La Mancha no puede quedarse sin salud mental
El debate sobre Mancha Centro va mucho más allá de un hospital: habla de cómo cuidamos —o dejamos de cuidar— la salud mental de más de 200.000 manchegos

Hay debates que trascienden a quienes participan en ellos. Da igual quién tenga razón, quién comparezca ante los medios o quién firme el siguiente comunicado, porque mientras unos discuten, otros esperan y, en salud mental, esperar nunca es una buena noticia.

Eso es lo que lleva meses ocurriendo en torno al Área Sanitaria Mancha Centro. Un conflicto que ha enfrentado versiones, ha movilizado a profesionales, pacientes y familiares y ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿estamos cuidando de verdad la salud mental en Castilla-La Mancha?

No voy a entrar a decidir quién tiene razón ya que no me corresponde.

Hay quienes hablan de una reorganización temporal y quienes denuncian una pérdida de recursos asistenciales, habrá quien encuentre argumentos para defender una postura u otra.

Pero existe una realidad que no admite demasiadas interpretaciones: cuando faltan profesionales, cuando aumenta la incertidumbre o cuando un paciente siente que el sistema ya no puede sostenerle como antes, quien paga las consecuencias nunca es la Administración, siempre es la persona que necesita ayuda y esa persona no entiende de colores políticos.

Entiende de noches sin dormir, de ansiedad, de depresión, de brotes psicóticos, de trastornos de la conducta alimentaria, disociativos o de la personalidad. De familias que no saben dónde acudir cuando alguien a quien quieren deja de reconocer su propia vida.

Pero, además, el caso de Mancha Centro tiene una dimensión que no siempre se explica, ya que no estamos hablando únicamente de un hospital en Alcázar de San Juan. Estamos hablando del hospital de referencia para más de doscientas mil personas repartidas por decenas de municipios de Ciudad Real, Toledo y Cuenca. Vecinos que dependen de esa red asistencial cuando la salud mental llama a su puerta.

Y eso cambia por completo la conversación.

Porque cuando un recurso sanitario se resiente en un gran núcleo urbano, muchas veces existen alternativas relativamente cercanas, en un territorio tan extenso como La Mancha, las distancias son otra enfermedad añadida. Cincuenta o sesenta kilómetros pueden parecer poca cosa sobre un mapa, pero no lo son para quien atraviesa una depresión grave, para quien vive con un trasto mental incapacitante o para una familia que intenta sostener a un ser querido en mitad de una crisis.

La salud mental tiene una particularidad que la diferencia de casi cualquier otra especialidad. Muchas veces, el mayor esfuerzo del paciente consiste precisamente en pedir ayuda, quien logra dar ese paso ya ha recorrido un camino enorme, pero si después encuentra barreras, retrasos o incertidumbre, el mensaje que recibe es devastador: tendrás que seguir esperando.

Vivimos en una región inmensa. Nos sentimos orgullosos de nuestros pueblos, de nuestra forma de vivir y de la fuerza de nuestras raíces, pero precisamente por eso necesitamos unos servicios públicos capaces de compensar las dificultades que impone el territorio.

La igualdad no consiste en ofrecer lo mismo a todos, consiste en garantizar que todos tengan las mismas oportunidades, vivan donde vivan.

Llevamos años escuchando que la salud mental es una prioridad, lo hemos oído tras la pandemia, cada 10 de octubre y en numerosos discursos institucionales. Sin embargo, una prioridad no se demuestra con palabras, se demuestra cuando hay suficientes profesionales, cuando los equipos están completos, cuando los recursos permanecen estables y cuando ningún paciente siente que su atención depende de un código postal.

No escribo estas líneas para buscar culpables fáciles, la salud mental lleva demasiado tiempo siendo la gran olvidada como para pensar que todo empezó hace unos meses. Pero sí escribo para recordar que cada decisión que afecta a estos servicios tiene rostro. Tiene nombre. Tiene familias detrás.

Más de doscientas mil personas dependen del Área Mancha Centro. No son una cifra en una memoria anual, son vecinos de esta tierra, personas que trabajan con nosotros, que estudian con nuestros hijos, que viven en nuestras calles y que un día, sin haberlo elegido, necesitaron ayuda.

La Mancha siempre ha sabido cuidar de los suyos, ahora le toca demostrar que también sabe cuidar de su salud mental.

Porque una sociedad no se mide por los hospitales que inaugura ni por las campañas que presenta, se mide por cómo responde cuando sus ciudadanos son más vulnerables. Y nadie es más vulnerable que quien, después de reunir el valor para pedir ayuda, teme que esa ayuda no llegue a tiempo.

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