Fragmentos: Trabajo y salud mental: lo que el sistema público no sostieneUna reflexión sobre el trabajo, la salud mental y la falta de respuesta efectiva del sistema público ante los trastornos mentales complejos

Fragmentos: Trabajo y salud mental: lo que el sistema público no sostiene
Una reflexión sobre el trabajo, la salud mental y la falta de respuesta efectiva del sistema público ante los trastornos mentales complejos

Como va a ser 1 de mayo voy a hablar de trabajo, pero no del que sale en los discursos ni del que se celebra en redes, voy a hablar de lo difícil que es tener un empleo o simplemente una dedicación cuando convives con Trastorno de Identidad Disociativo, y de lo poquísimo, o directamente nada, que ayudan los organismos públicos cuando de verdad lo necesitas.

Porque aquí hay una mentira muy bien sostenida, la de que si quieres puedes, la de que todo es esfuerzo, la de que quien no trabaja es porque no lo intenta lo suficiente, y eso se cae en cuanto vives en una mente que no siempre responde, que no siempre está, que no siempre puede sostener lo que el sistema da por hecho.

El trabajo exige continuidad, exige presencia, exige regularidad, exige una versión estable de ti, y eso, con TID, muchas veces no existe, no es una cuestión de actitud ni de ganas, es una cuestión de funcionamiento, de memoria que falla, de desconexiones que aparecen sin pedir permiso, de días en los que sostener lo básico ya es una pelea.

Y aun así lo intentas, una y otra vez, te fuerzas a encajar, a cumplir, a rendir como si pudieras hacerlo de forma sostenida, y cada intento tiene un precio, un desgaste que no se ve, un agotamiento que no cotiza, una sensación constante de estar empujando algo que por dentro no se sostiene.

Y cuando no puedes más, cuando se cae, cuando no cumples con lo que se espera, ahí es donde en teoría debería aparecer el sistema público.

En teoría.

Porque en la práctica lo que te encuentras es otra cosa, burocracia, desconfianza, evaluaciones que no entienden tu realidad, profesionales que miran papeles pero no lo que te pasa, y una sensación constante de tener que demostrar que no estás mintiendo, que no estás exagerando, que no es falta de ganas.

Te piden informes, te piden tiempo, te piden estabilidad para poder acceder a ayudas que llegan cuando ya estás roto, o que directamente no llegan, porque no encajas en sus criterios, porque tu trastorno no es cómodo, porque no es lineal, porque no saben cómo medirlo y entonces es más fácil cuestionarlo.

Y mientras tanto tú estás intentando sobrevivir, intentando generar ingresos, intentando no depender de nadie, intentando tener una mínima dignidad, y el sistema que debería sostenerte se convierte en otro obstáculo más.

No ayuda, no acompaña, no adapta.
Exige, sólo exige.
Exige que encajes en un modelo que ya te está expulsando.

El 1 de mayo se habla de derechos laborales, pero hay personas que ni siquiera llegamos a ese punto, porque no es que tengamos malas condiciones, es que muchas veces no podemos sostener ninguna, y cuando pedimos apoyo no encontramos estructura, encontramos pared.

Y esto no es un caso aislado ni una excepción, es una realidad que se repite en muchas personas con trastornos mentales graves, gente válida, con capacidad, con ganas, pero incompatible con un sistema que solo entiende una forma de funcionar.

Así que sí, este 1 de mayo también va de esto, de señalar que el problema no es solo individual, que no es falta de esfuerzo, que no es falta de voluntad, es un sistema público que llega tarde, mal y muchas veces nunca, que no entiende, que no se adapta y que, en lugar de sostener, termina empujando más hacia fuera.

Porque trabajar no debería significar romperte.

Y si para poder “encajar” tienes que romperte, entonces el problema no eres tú, es el sistema que decide a quién deja dentro y a quién deja fuera.

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