Nota del Día: Las que viven otras vidas
Actores y actrices celebran su día entre la vocación y la precariedad, mientras el Estatuto del Artista intenta dignificar una profesión inestable

Las que viven otras vidas / #Tintamanchega

by | Ago 26, 2026 | #Manchacultura

Vivir otras vidas no siempre permite vivir la propia: la precariedad sigue marcando a actores y actrices pese a los pequeños avances.

Hay personas que pasan buena parte de su vida aprendiendo a ser otras. Durante unas semanas son una médica, un rey, un asesino, una madre desesperada, un personaje de hace cuatro siglos o alguien que todavía no existe. Prestan su cuerpo, su voz, sus emociones y una parte difícil de medir de sí mismos para que, durante unos minutos, los demás creamos una historia.

Después llega el final de la función, termina el rodaje, se desmonta el escenario y vuelve la vida. La propia. Y, para demasiados actores y actrices españoles, esa vida comienza con una pregunta: ¿cuándo volveré a trabajar?

Una conmemoración en cifras

Este 26 de agosto se celebra el Día Internacional de la Actriz y del Actor, y la realidad hoy va más allá de las alfombras rojas, los grandes estrenos y los pocos nombres que llenan titulares. La inmensa mayoría de quienes han elegido la interpretación como profesión viven bastante lejos de esa imagen.

Las cifras ayudan a quitarle el maquillaje al oficio. El último gran estudio sociolaboral de la Fundación AISGE reflejó que el 77% de los artistas españoles ingresaba menos de 12.000 euros anuales por su trabajo artístico. Casi la mitad quedaba por debajo de los 3.000 euros y apenas un 7% superaba los 30.000. Si se tienen en cuenta exclusivamente los ingresos procedentes de la profesión, el 72% quedaba bajo el umbral de la pobreza. Y las mujeres seguían llevándose la peor parte, con unos ingresos artísticos medios muy inferiores a los de sus compañeros.

Detrás de esos porcentajes hay castings que terminan en silencio, meses sin contratos, trabajos secundarios para pagar las facturas, ensayos, desplazamientos, formación continua y una incertidumbre laboral convertida en forma de vida.

El Estatuto del Artista… en espera

España ha comenzado a responder a una realidad que el sector lleva años reclamando que se entienda. En 2018, el Congreso aprobó por unanimidad el informe para desarrollar el llamado Estatuto del Artista. Desde entonces se han incorporado medidas fiscales, laborales y de protección social, entre ellas una prestación especial por desempleo adaptada a la intermitencia característica de estas profesiones.

Y hace apenas unas semanas llegó otro paso importante. El Real Decreto 607/2026, publicado el pasado 25 de julio y cuya entrada en vigor está prevista para el 25 de mayo de 2027, sustituirá una regulación laboral que procedía de 1985. Han tenido que pasar más de cuarenta años para adaptar plenamente aquellas reglas a una profesión que mientras tanto ha cambiado por completo. Y, aún así, existen dudas en cuanto a su ejecución.

La nueva norma reconoce cuestiones tan elementales como que preparar, ensayar, grabar, realizar tareas de preproducción o postproducción y participar en actividades promocionales también forma parte del trabajo y debe remunerarse. Regula las indemnizaciones al finalizar determinados contratos, los desplazamientos y las giras, los descansos, la protección frente al acoso, la figura del coordinador de intimidad y los derechos sobre la propia imagen en un momento en que la inteligencia artificial abre además enormes interrogantes para la profesión.

Son avances importantes. Ahora necesitan convertirse en seguridad real, contratos dignos, remuneraciones suficientes y protección efectiva para quienes sostienen el teatro, el cine, las series, el doblaje, la música, la danza y tantos otros espacios de nuestra cultura.

La esperanza de quienes nos emocionan

Una sociedad que disfruta de sus películas, llena sus teatros, sigue sus series y se emociona con sus personajes también adquiere una responsabilidad con quienes los hacen posibles.

La precariedad artística no es algo que radique solo en nuestras fronteras. La intermitencia laboral, la transformación de la industria audiovisual, las nuevas plataformas y la inteligencia artificial plantean desafíos en buena parte del mundo. El prestigio de una profesión seguirá siendo insuficiente mientras una mayoría de sus trabajadores y trabajadoras tenga dificultades para sostenerse gracias a ella.

Hoy podemos felicitar a nuestros actores y actrices. Mucho más útil será defender su derecho a trabajar, cobrar, cotizar, descansar y construir un futuro dentro de la profesión que eligieron. Llevan siglos viviendo otras vidas para nosotros. Ya es hora de que puedan vivir dignamente la suya.

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