El Balonmano Caserío ha regresado a ASOBAL dejando una primera muestra de resistencia. El conjunto de Santi Urdiales sacó un empate de la pista del Villa de Aranda después de verse obligado a reconstruir un partido que al descanso parecía muy cuesta arriba. El 18-12 con el que terminó la primera mitad acabó convirtiéndose en un 30-30 después de una reacción que llevó a los ciudadrealeños hasta el último minuto con opciones de victoria.
El punto adquiere todavía más valor por el escenario y por la forma en la que llegó. Urdiales reconocía después del encuentro la dificultad de puntuar en Aranda y el mérito de haber reaccionado cuando el partido había alcanzado una diferencia de hasta siete goles. “Sabemos de la dificultad que tenía este partido, la dificultad que es jugar en Aranda”, explicó.
Una primera parte que obligó a remar
El Caserío entró bien en el encuentro y fue capaz de tomar la iniciativa durante los primeros compases, con Juan Bar respondiendo bajo palos. Esa situación, sin embargo, empezó a cambiar conforme avanzó el primer cuarto de hora.
El Villa de Aranda consiguió correr con mayor facilidad y fue encontrando situaciones favorables a partir de las pérdidas y de los desajustes defensivos visitantes. El Caserío perdió continuidad en ataque, dejó escapar además algunas opciones desde los siete metros y terminó cediendo terreno ante un rival que fue creciendo con el paso de los minutos.
Urdiales no escondió después los problemas de esos primeros treinta minutos. “La primera parte el equipo no está bien. Aranda creo que ha estado a un nivel muy bueno, acertando mucho. Nosotros, con muchas pérdidas y muy blanditos en defensa”, explicó el técnico, que vio dos partidos muy distintos antes y después del descanso.

En ataque, Sergi Mach y Jorge Maqueda asumieron buena parte de la producción ofensiva del equipo. Maqueda cerró la primera mitad con cuatro goles en cinco lanzamientos, mientras Juan Bar mantenía un 30 % de acierto en portería. Pese a ello, el Villa de Aranda logró abrir una diferencia importante y se marchó al vestuario con seis tantos de ventaja.
Mach, central del conjunto ciudadrealeño, resumió después el desarrollo del encuentro como una evolución “de menos a más”. Su lectura coincidía con la de Urdiales: había margen de mejora, especialmente después de una primera parte que había obligado al Caserío a jugar la segunda prácticamente sin margen para más errores.
Mach toma el mando y Albizu aporta soluciones
La reacción comenzó tras el descanso. El Caserío encontró otra velocidad con Aitor Albizu sobre la pista y con Mach asumiendo más responsabilidad en la organización ofensiva. El central logró ordenar mejor los ataques y el equipo empezó a encontrar situaciones más limpias mientras, al mismo tiempo, crecía la agresividad defensiva.
“En la segunda parte el equipo se ha puesto el mono de trabajo”, resumió Urdiales. Para el entrenador, ahí estuvo una de las principales diferencias respecto a la primera mitad: el Caserío empezó a defender con otra intensidad y consiguió llevar el partido al terreno físico que exigía el pabellón de Aranda.
Mach apuntó en la misma dirección. El central destacó la “garra” y la “intensidad” que apareció después del descanso como dos de las claves de la remontada. Esa mejora permitió al Caserío reducir poco a poco una diferencia que apenas unos minutos antes parecía difícil de recuperar.

Ni siquiera la tarjeta roja a Javi Domingo en el minuto 37 rompió la dinámica del equipo. El Caserío siguió empujando y terminó encontrando el premio en el minuto 44, cuando Albizu colocó el 24-24 y devolvió el encuentro a una igualdad total.
A partir de ahí, el partido entró en un terreno mucho más abierto. La ventaja construida por el Villa de Aranda durante la primera mitad había desaparecido y los últimos quince minutos quedaron reducidos a una sucesión de ataques, interrupciones y acciones cada vez más decisivas.
“Mucha intensidad, mucho alma”
Urdiales encuadró buena parte de lo sucedido dentro de un partido propio de primera jornada, con errores todavía por pulir y dificultades para mantener la continuidad durante los sesenta minutos. También quiso alejar el foco del arbitraje, pese a las exclusiones y a la roja.
El técnico definió el encuentro como “limpio y noble” y destacó el esfuerzo de “dos equipos que han puesto mucha intensidad, mucho alma”. Más que un partido brillante desde el punto de vista técnico, vio un choque de contacto, esfuerzo y tensión hasta el final.
El Caserío, que durante muchos minutos había estado obligado a perseguir el marcador, llegó a la recta definitiva con posibilidades reales de llevarse el encuentro. La defensa volvió a resultar decisiva en varias acciones y Albizu siguió aportando soluciones ofensivas hasta que, ya en el minuto 59, llegó el 30-30.

Todavía quedó una última posesión para buscar algo más. Los de Urdiales pudieron intentar culminar una remontada que habría resultado extraordinaria por cómo se había desarrollado el partido, pero el reloj terminó imponiéndose antes de que pudieran completar la acción.
El propio entrenador admitió después que la victoria quizá habría sido demasiado premio atendiendo al conjunto de los sesenta minutos, aunque sí consideró que el empate reconocía el trabajo realizado en una segunda parte completamente distinta a la primera.
Urdiales enfría la euforia
El punto permite al Caserío abrir la temporada sumando, pero Urdiales aprovechó el estreno para lanzar también un mensaje de prudencia. El técnico recordó que el equipo sigue teniendo poca experiencia acumulada en la categoría y que el objetivo prioritario pasa por asegurar la permanencia.
“Yo tengo que tener los pies en la tierra. Somos un equipo todavía muy novel en la categoría”, señaló. Aunque la plantilla ha incorporado jugadores con experiencia y nombres importantes, Urdiales espera una temporada marcada por una igualdad extrema y por la dificultad de sacar puntos en prácticamente cualquier pista.
El entrenador confesó incluso haber visto cierta decepción en el vestuario por no haber completado la remontada con una victoria. Su lectura fue otra. “La realidad es que sumar puntos va a ser dificilísimo”, advirtió antes de pronosticar una temporada “muy, muy dura”.

El calendario tampoco permitirá demasiados respiros. El Caserío tendrá por delante un inicio de competición especialmente exigente, con rivales como Barcelona, Logroño, Ademar o Valladolid en el horizonte.
Aranda deja, por tanto, un punto y una primera conclusión. El Caserío tendrá mucho que corregir, pero también ha demostrado que puede reaccionar cuando el partido se complica. Levantó seis goles al descanso, soportó una expulsión y terminó jugando por la victoria. Un estreno exigente, pero también una primera señal de carácter.

