Hay que decir que las pelis en esta década ya sí que eran más largas. Nosferatu, por ejemplo, dura una hora y media, de manera que ya se planteaba una narrativa compleja. Para esta entrega he elegido tres películas que me impresionaron cuando las vi, de joven. Estaban muy alejadas en el tiempo en que se hicieron, pero recuerdo la impresión que me causaron y que hicieron que abriera los ojos al arte cinematográfico de una manera diferente a la que estaba acostumbrado hasta entonces.
- Nosferatu. 1922. Alemania. Friedrich W. Mornau.
- La quimera del oro. 1925. Estados Unidos. Charles Chaplin.
- Un perro andaluz. 1928. Francia. Luis Buñuel.
Nosferatu
Esta película esta basada en la novela Drácula de Bram Stoker. Para no pagar derechos a la viuda de Stoker, Friedrich W. Murnau cambió el nombre del monstruo por Nosferatu en lugar de Drácula. Es una obra maestra de cine y más aún para esa época, donde se estaba aún por definir qué era una película.

Al ser la primera adaptación de la obra de Stoker, no se guía por ningún referente previo y tiene características muy distintas de las que se hicieron después. No refleja nada de la tradición romántica incluso erótica de las películas de después, sino que Nosferatu, el vampiro, es un ser repugnante bajo cualquier punto de vista.
La peli tiene aspectos asombrosos para lo temprano de su realización. Cuando Hutter –el “bueno”, el marido de la chica– vuelve a salvar a su esposa del vampiro, hay un plano asombro del barco navegando que se diría que está grabado con un dron. Evidentemente eso es imposible, pero mientras el barco del héroe navega, la cámara se acerca rápidamente y se mueve por encima de las olas con una estabilidad desconcertante.
Usa unas sobrexposiciones magistrales para reflejar el espíritu del vampiro… Hay movimientos de stop motion, con unos efectos especiales espléndidos para esa época incluso alguno que nos llama la atención hoy día.
En pleno movimiento del expresionismo alemán, maneja unos juegos de luces y sombras fantásticos que juegan un papel dramático para el espectador: la sombra peligrosa, la luz salvadora.

Hay una secuencia donde en donde la sombra de la mano del vampiro se proyecta sobre el corazón de una víctima y simula se cierra el puño, como metáfora de que le arranca la vida, con una visión poética fabulosa.
Y unos planos en contrapicado, desde abajo que para entonces debió de ser muy difícil de rodar e incluso sorprendente de concebir, cuando nadie había hecho aún planos contrapicados.
Incluso la narración es diferente a las demás que se hicieron después. Nosferatu no muere con el sol, es verdad que le molesta pero no lo mata. Solo muere por distraerse con la chica y esperar fuera de su ataúd al “primer canto del gallo al amanecer” –como se explica en un libro que la chica lee–. Final poético. Tampoco tenía colmillos, sino que eran los incisivos los dientes largos con los que mordía y no son retráctiles (símil erótico de una erección) sino que eran incisivos largos permanentemente.
Podéis verla aquí.
La quimera del oro (The Gold Rush).
Si esta película se hiciera hoy, llevaría al principio el famoso aviso: “Basada en hechos reales”. Porque se basa en la tragedia de Klondyke de 1846 en la región de Yukon, en Canadá, cuando, un grupo de buscadores de oro, quedaron atrapados por la nieve y se vieron obligados a realizar prácticas durísimas para sobrevivir.

Esta tragedia le sirvió a Chaplin para darle la vuelta a la realidad y hacer una comedia maravillosa, tierna, divertidísima y que ha pasado a la historia por sus escenas brillantes.
La peli va de que el famoso vagabundo, que nunca consigue salir de la pobreza del todo, se apunta a buscador de oro y le pilla una tormenta de nieve y se queda aislado en una cabaña que, por lo menos, le sirve de refugio.

A partir de ahí le suceden una ristra de situaciones peligrosas, pero siempre desde la óptica cómica maravillosa de nuestro querido Chaplin. No quiero hacer espóiler, así que no quiero contar mucho más. Mejor hacéis click en el enlace de abajo y la veis, que vais a disfrutar de lo lindo.
El talento de Chaplin era inmenso. Esta es su tercera película, pero las dos anteriores The Kid de 1921 y A Woman in Paris, de 1923 fueron ya dos muestras de su genio y visión adelantada a su tiempo.
Podéis ver La quimera del oro aquí.
Un perro andaluz (Un chien andalou)
Un Chien andalou es una película francesa aunque Luis Buñuel y Salvador Dalí fueran españoles. Y es que la película se produjo, se rodó y se estrenó en París y los actores (excepto Dalí y Buñuel) eran franceses.

Esta película se realizó bajo el movimiento surrealista francés en 1928, de modo que nos perdimos la patria potestad de ese corto de unos 21 minutos que no dejarán indiferente a nadie.
Es difícil enfrentare a este corto. Es una película surrealista, como he dicho antes, y ahí estriba la dificultad. En el movimiento surrealista se investigaba mucho sobre el inconsciente o subconsciente o una mezcla de ambos.
Visto dese la distancia se trata de una serie de escenas que no tienen una relación argumental clásica. Son imágenes y escenas a veces violentas, a veces con su carga de humor que pueden parecer disparatadas e incomprensibles. El hormiguero en la palma de la mano, el ciclista que sabe pedalear y conducir la bici pero no sabe parar, los burros arrastrados sobre los pianos, los curas arrastrados también… son imágenes que tienen muchísima fuerza en por mismas pero cuesta emplazarlas en una narrativa a la que estamos acostumbrados. Que sea una película mudo colabora al misterio porque los diálogos no se transcriben nunca y la música tampoco acompaña de manera fácil.
Buñuel y Dalí escribieron el guion con una premisa radicalmente surrealista: solo se permitieron a sí mismos imágenes puramente irracionales y sin explicación, provocadoras hasta el extremo y carentes de todo simbolismo. De modo que es una tarea errada buscar simbolismos en las escenas de esta película. Se trata de la pura fuerza de las imágenes desprovistas de congruencia narrativa.
Cuando le preguntaban a Buñuel qué significaba su película, –que era una pregunta que odiaba y le revolvía las tripas– él respondía con significados violentos y escandalosos: “es una incitación al asesinato”, o “una incitación a la violación”, aunque no fuera verdad. Porque los surrealistas creían en la fuerza del escándalo como elemento transformador y origen de reacciones personales y sociales. En ese sentido se adelantaron un siglo a la estrategia publicitaria actual en redes sociales de provocar un escándalo para que un vídeo se viralice y reciba muchas visitas.
La peli parte de un sueño de Buñuel con una nube envolviendo a la luna y, como película nacida de un sueño, intentar encontrar mensajes ocultos o verdades veladas es un error que lo único que nos va a provocar es un dolor de cabeza estéril que no nos llevará a ningún lugar porque no existe. Es como montar en una montaña rusa: no hay que entenderla, hay que disfrutarla o sufriría, según cada cual sienta. De manera que cada aproximación a estas escenas son válidas todas. Cada espectador las percibirá de una manera: con espanto, con vértigo, con humor, con asco, con miedo, con admiración…
En resumen: dificilita de ver pero, en realidad, si nos paramos a pensar, algunas de estas imágenes poderosas podrían acompañar a un clip musical de hoy. Tan alejados del concepto no estamos.
Es remarcable que esta película se rodara en 1928, hace casi 100 años, ni más ni menos. Os dejo el enlace para ver Un perro andaluz aquí.
En la próxima entrega de esta serie nos daremos una vuelta por “La edad de oro”, la siguiente película de Luis Buñuel y Salvador Dalí, nuestros surrealistas más ilustres.

