Votar en contra de las propuestas de decretos del Gobierno es un ataque indisimulado hacia la parte de la población más vulnerable. Los jóvenes. Los intereses económicos de los congresistas se han puesto por encima de los derechos a una “vivienda digna y adecuada” , como dice el artículo 47 de la Constitución.
La ‘corrupta’ ultraderecha y la ‘corrupta’ derecha ‘rancia’ dan la espalda a nuestros jóvenes y los desprotegen de abusos que pueden hacer inviable su emancipación del hogar paterno-materno y dificultan extraordinariamente esos proyectos de vida que están en construcción y que en muchos casos son aún inestables y difíciles de desarrollar. Todo, por la pasta. Todo porque los grandes tenedores de viviendas se hagan más ricos y especulen con las necesidades vivenciales de las personas en edad de construir una vida.
Otra cosa es que quien sea propietario de una vivienda además de su residencia habitual y, por fallecimiento de sus padres o por otras cuestiones, decida ponerla en alquiler para ayudarse en su economía doméstica. Contra esas personas no hay nada que objetar. Están en su derecho.

Pero lo que verdaderamente les dolía a los diputados que ayer vetaron a los decretos del Gobierno es que los intereses de los más ricos, de los grandes tenedores de vivienda, de los fondos buitre –que son lo que protegen– se veían frenados en sus ansias de incrementar día a día la cuenta de resultados y hacerse aún más ricos, aprovechando la carestía y necesidad de vivienda de alquiler. Y eso no lo podían tolerar. Cuanto más distancia exista entre las capas sociales, más beneficio para sus protegidos. Cuanto más difícil y cara sea la vivienda –que es el principal gasto familiar–, menos recursos le queda a la clase trabajadora para poder acceder, por ejemplo, a sanidad privada o educación concertada.
Se concreta y da forma a una sociedad partida, donde hay más recursos para unos que para otros. Y si sumamos a este efecto las obstinadas políticas de la derecha de precarización de la sanidad y la educación pública, pues tenemos el escenario ideal de la derecha, donde los ricos se distancian cada día más de la clase trabajadora que se empobrece y que ve cómo los recortes sanitarios y educativos de la derecha transforman esos servicios esenciales –protegidos por la Constitución en sus artículos 43 y 27– y se convierten cada vez en recursos más masificados y más difíciles de acceder. La tormenta perfecta.
‘Cuanto más rico sea yo y más pobre seas tú, más fácil es que te tenga a mi servicio. Más fácil abusar de ti y más barato cada vez’. El país de ‘jauja de esta derecha.
Y no por esperado es menos vergonzoso. Ya sabemos que ese es el ideal de sociedad ultraconservadora: amos y esclavos. Pero podían disimularlo un poquito. Podían abstenerse en según qué votaciones para facilitar la aprobación de unas medidas, aunque quedara de manifiesto su desacuerdo. Tumbar esas medidas, que cada día son más demandadas en las calles, se podía hacer con más o menos inquina y odio. Pero la prepotencia de quienes han votado en contra, su chulería y desprecio es paradigmático del mal que reina sobre este planeta.
Te escupen en la cara (votan contra tus intereses de clase) y encima te dicen que abras la boca (te piden el voto en la Generales).
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