Juan Alcaide: La Mancha hecha raíz, memoria y poesíaA 119 años de su nacimiento, la obra del poeta valdepeñero sigue ofreciendo una forma propia de mirar la tierra, el trabajo, la soledad y la identidad manchega

Juan Alcaide: La Mancha hecha raíz, memoria y poesía
A 119 años de su nacimiento, la obra del poeta valdepeñero sigue ofreciendo una forma propia de mirar la tierra, el trabajo, la soledad y la identidad manchega

A veces, un autor que termina perteneciendo a un territorio casi de la misma manera que una viña se arraiga a la tierra. Juan Alcaide es raíz, pertenece a La Mancha. No por valdepeñero ni porque buena parte de su obra esté atravesada por cepas, campos, caminos y horizontes secos, sino porque consiguió mirar a nuestra tierra hasta encontrar dentro de ella una forma única de entender la vida.

Nació en Valdepeñas el 21 de septiembre de 1907, hace ahora 119 años. Murió apenas 43 después. Entre ambas fechas, quedó una obra atravesada por la soledad, el trabajo, la pobreza, la fe, el paso del tiempo, la pertenencia y una cierta melancolía manchega que nunca necesita levantar demasiado la voz.

Alcaide conoció a algunos de los nombres principales de la cultura española de su tiempo. Antonio Machado leyó sus versos. Gregorio Prieto ilustró uno de sus primeros libros. Su trayectoria llegó a cruzarse con Federico García Lorca y otros escritores de aquella generación.

Más de un siglo después de su nacimiento, sus versos siguen ofreciendo una forma propia de mirar La Mancha y de entender a quienes la habitan.

Un niño criado por dos mujeres

Juan José Alcaide Sánchez nació en una casa de la calle Ancha de Valdepeñas. Cuando llegó al mundo, su padre ya había muerto. Creció junto a su madre y su tía, ambas modistas, dos figuras fundamentales en aquellos primeros años y a las que terminaría considerando sus ‘dos madres’.

No procedía de una familia acomodada. Su camino hacia los estudios estuvo ligado al esfuerzo doméstico y a una beca concedida por el Ayuntamiento de Valdepeñas, que le permitió cursar Magisterio en Ciudad Real. La enseñanza terminaría convirtiéndose en su profesión, aunque la poesía había comenzado a ocupar ya otro espacio en su vida.

Juan Alcaide / Diccionario biográfico de CLM
Juan Alcaide / Diccionario biográfico de CLM

Alcaide fue maestro antes de convertirse en ese nombre que hoy aparece asociado a premios, calles, centros culturales o estudios literarios. Dio clase lejos de Valdepeñas: primero en Galicia y después en Puerto Lápice. Durante años vivió apartado físicamente de su ciudad, aunque La Mancha siguió apareciendo una y otra vez en aquello que escribía.

La Mancha de Alcaide nunca fue únicamente el lugar que tenía delante de los ojos. Era también una memoria, una forma de reconocerse y una geografía sentimental a la que regresar.

Cuando Antonio Machado leyó sus versos

En 1930 publicó Colmena y pozo. Después llegarían Llanura y La noria del agua muerta. Basta detenerse en esos primeros títulos para descubrir buena parte del mundo que terminaría acompañándolo: el campo, el agua, la tierra, los trabajos cotidianos y esos objetos pequeños que en La Mancha rara vez parecen importantes hasta que alguien decide mirarlos de otra manera.

Uno de quienes prestaron atención a aquella poesía fue Antonio Machado. Alcaide le envió su obra y recibió de él palabras de reconocimiento. Machado vio poesía allí donde todavía había un maestro joven de provincias intentando abrirse camino. También aparecen alrededor suyo Gregorio Prieto, Federico García Lorca, Jacinto Benavente o José María Pemán, entre otros nombres de la cultura de aquellas décadas.

Pero probablemente lo más interesante sea que aquellas relaciones no modificaron el centro de gravedad de su obra. Alcaide no necesitó abandonar La Mancha para buscar una literatura ‘supuestamente mayor‘. Lo que hizo fue mirar con más atención aquello que tenía cerca.

Cuando la llanura deja de ser paisaje

La Mancha ha sufrido siempre el peligro del tópico. Los molinos, el vino, las llanuras interminables, el horizonte amarillo, los pueblos blancos bajo el verano. Una sucesión de imágenes que puede terminar convirtiendo un territorio entero en postal. Me reconozco en aquellos tópicos.

Pero la poesía de Juan Alcaide trabaja precisamente en el sentido contrario. En sus versos aparece la tierra, pero también el cansancio de quien la trabaja. Aparece el vino, aunque detrás de la copa están la vendimia, el esfuerzo y la economía de quienes dependen de ella. Aparece el paisaje, pero nunca completamente separado de las personas que lo habitan. Alcaide entendió que una noria, una planta humilde o una viña podían contener la misma intensidad poética que cualquier gran escenario.

Después llegarían libros como Poemas de la cardencha en flor, Trilogía del vino o Jaraíz, títulos que pertenecen casi físicamente a esta tierra. La palabra jaraíz resulta especialmente significativa. Era el espacio donde se pisaba la uva y se recogía el mosto. Pocas palabras podían representar mejor aquella forma de escribir de Alcaide: tomar elementos cotidianos de La Mancha, apretarlos y extraer de ellos una dimensión distinta.

El paisaje manchego dejó así de funcionar como decorado. Adquirió peso propio. La tierra seca, las viñas, el horizonte, las plantas silvestres y las faenas del campo terminaron construyendo un idioma único y reconocible.

La guerra también entró en los poemas

Después llegó la Guerra Civil y, con ella, una herida que atravesó prácticamente todas las vidas de aquella generación. Alcaide permaneció durante el conflicto en territorio republicano y escribió también desde aquel contexto. Terminada la guerra fue sometido, como tantos maestros, a un expediente de depuración. Durante un tiempo quedó apartado del Magisterio.

Juan Alcaide / Otro Mundo es Posible
Juan Alcaide / Otro Mundo es Posible

En 1941 recuperó su plaza en Puerto Lápice. Su poesía se volvió más introspectiva. Aparecen con mayor fuerza la religiosidad, el dolor, la soledad y una conciencia cada vez más evidente de la fragilidad humana. La guerra había dejado de ser únicamente un acontecimiento histórico y había terminado entrando en la biografía.

También en esos años publicó Ganando el pan. El propio título parece resumir bastante bien una parte de aquella existencia que algunos olvidan. Alcaide siguió siendo maestro, siguió escribiendo y continuó buscando un lugar para la poesía dentro de una vida que nunca tuvo demasiado de cómoda.

Volver a Valdepeñas

En 1948 consiguió finalmente una plaza como maestro en Valdepeñas. Volvía a la ciudad que llevaba años escribiendo incluso cuando estaba lejos de ella. El regreso coincidió además con una etapa especialmente fértil. Aparecieron Poemas de la cardencha en flor, Trilogía del vino y, en 1950, Jaraíz. Para entonces su universo estaba ya perfectamente definido. Había construido una poesía pegada a La Mancha sin convertirla en simple costumbrismo, capaz de detenerse en elementos muy concretos y sacar de ellos preguntas bastante más amplias.

Pero el tiempo empezaba a agotarse. Juan Alcaide murió en Valdepeñas el 12 de julio de 1951, víctima de la tuberculosis. Tenía 43 años. Dos años después apareció de manera póstuma La octava palabra. Décadas más tarde, la Diputación de Ciudad Real reuniría su obra en una edición de su Poesía completa. Morir tan joven contribuyó seguramente a dejar una sensación de obra interrumpida.

Tras ello, buena parte de su reconocimiento posterior ha dependido de quienes regresaron a sus versos, estudiaron sus manuscritos y recuperaron textos que habían quedado dispersos.

El poeta que se quedó en La Mancha

Hoy Juan Alcaide sigue siendo un nombre conocido en Valdepeñas, en La Mancha ciudadrealeña y dentro de los estudios literarios de Castilla La Mancha. Fuera de este territorio, sin embargo, su presencia resulta bastante más discreta. Es una de esas figuras que permanecen cerca de casa mientras otros nombres de su misma época ocupan casi todo el espacio del relato cultural. Es posible que tampoco ayude que su poesía esté construida sobre cosas aparentemente pequeñas. Una cardencha. Una noria. Una viña. Un camino. El pan que se gana trabajando. La llanura que empieza donde termina el pueblo y parece no terminar nunca.

Miró una tierra que durante siglos había servido como escenario y decidió convertirla en protagonista. No necesitó inventar otra Mancha ni embellecerla demasiado. Le bastó con observar esa mezcla difícil de explicar entre dureza y apego que acompaña a muchos territorios rurales.

Han pasado 119 años desde su nacimiento y más de siete décadas desde su muerte. La Mancha ha cambiado profundamente desde entonces, pero algunas de las imágenes que aparecen en sus versos siguen resultando reconocibles. Por eso, volver hoy a Juan Alcaide es también volver a una Mancha que aprendió a reconocerse en sus versos.

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