Hay una pregunta que regresa cada vez que se acercan unas elecciones y que, lejos de encontrar respuesta con el paso de los años, parece hacerse cada vez más difícil: ¿y yo a quién voto? No siempre nace de la indiferencia política. A veces surge precisamente de lo contrario: de tener ideas, preocupaciones y convicciones, pero no encontrar una candidatura que las represente todas. O de haber confiado antes en unas promesas que terminaron por incumplirse.
Los partidos hablan de principios, presentan programas, prometen soluciones y reclaman confianza. Sin embargo, la política cotidiana también está marcada por las negociaciones, los intereses, las presiones, los cambios de posición y los acuerdos que contradicen compromisos anteriores. A ello se suman los escándalos de corrupción, las acusaciones cruzadas y una discusión pública en la que el descrédito del adversario ocupa a menudo más espacio que el examen de sus propuestas.
Así, decidir a quién votar puede terminar pareciéndose a elegir a quién rechazar menos. El debate se desplaza de las ideas a las personas, de los proyectos políticos a las rivalidades y de las medidas concretas a la supuesta superioridad moral de unos frente a otros. Las etiquetas sustituyen a los argumentos y las lealtades partidistas pueden imponerse incluso sobre las propias convicciones.

Sería un error concluir que el problema son las ideologías. Tener una ideología no consiste necesariamente en pertenecer a un partido, eso se llama filiación, sino en sostener una determinada visión del mundo, unas prioridades y unos valores sobre cómo debería organizarse la sociedad. Podemos estar de acuerdo con una formación en materia económica y discrepar profundamente de sus posiciones sobre inmigración, vivienda o derechos sociales. Esa contradicción no nos convierte en incoherentes: demuestra que nuestras ideas no tienen por qué caber íntegramente dentro de unas siglas.
El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qué pensamos para limitarnos a defender lo que piensa el partido con el que nos identificamos. Cuando una medida nos parece acertada o equivocada dependiendo de quién la presente. O cuando votamos por costumbre, simpatía, enfado o rechazo, sin detenernos a comprobar qué consecuencias tienen las decisiones de nuestros representantes.
¿Y si, en lugar de comenzar por los partidos, empezáramos por aquello que queremos que hagan?
Una propuesta: votar según lo que se hace
El próximo 29 de noviembre de 2026, España celebrará elecciones generales anticipadas, convocadas mediante el Real Decreto 806/2026, publicado en el Boletín Oficial del Estado, después de una legislatura atravesada por conflictos parlamentarios, disputas políticas, una alta polarización y un creciente malestar social por el acceso a la vivienda.

Tras mostrar el interés de que #Tintamanchega aborde estas elecciones, hemos decidido hacerlo desde una perspectiva diferente a la habitual: no examinaremos quién tiene más posibilidades de ganar, quién realiza mejores discursos o quién promete más cosas, sino qué han propuesto los partidos y cómo han votado cuando esas propuestas han llegado al Parlamento.
Las promesas electorales son compromisos sobre el futuro. Los programas políticos permiten conocer las intenciones de una formación. Y las ideologías ayudan a comprender los principios desde los que se defiende una determinada política. Ninguna de estas cuestiones carece de importancia, pero tampoco garantiza por sí sola que los representantes actúen después conforme a lo anunciado. De facto, la sensación general es la contraria.
Además, por pulcritud y ejemplaridad tampoco podemos evaluar las mejores opciones, porque quien más o quien menos, tiene juzgados donde callar.
Sin embargo, las votaciones parlamentarias ofrecen otra clase de información: dejan constancia de decisiones reales. Permiten saber si una formación apoyó, rechazó o se abstuvo ante una iniciativa determinada, aunque también requieren conocer el contenido de lo votado y el momento de su tramitación.

Por eso, la premisa de ‘Elecciones 2026: ¿Y yo a quién voto?‘ será sencilla: si queremos que se aprueben determinadas medidas, conviene saber qué partidos las han defendido y cuáles han votado a favor o en contra.
No pretendemos decirle a nadie qué tiene que votar ni decidir qué ideas son las correctas. Tampoco elaborar una clasificación ‘moral o ética’ de las formaciones políticas. Queremos poner a disposición de nuestros lectores y lectoras información suficiente para que cada persona compare las decisiones parlamentarias con sus propias necesidades, valores e intereses.
Porque votar por conveniencia no tiene por qué significar renunciar a los principios. También puede significar ponerse delante del espejoy, precisamente, actuar de acuerdo con ellos.
Qué partidos han estado en el Congreso y cuáles se presentan ahora
Para entender la comparación hay que distinguir entre los partidos que han tenido representación parlamentaria durante la legislatura 2023-2026 y las candidaturas que concurrirán a las elecciones de noviembre. No son exactamente las mismas y algunas han cambiado de nombre, de alianzas o de composición.
Según los resultados oficiales de las elecciones de 2023 publicados por el Ministerio del Interior, las elecciones del 23 de julio dejaron el siguiente reparto inicial de los 350 escaños:

Durante estos años se han producido cambios de adscripción y diferencias entre las formaciones que integraban algunas coaliciones. Por ejemplo, Podemos obtuvo representación dentro de Sumar, pero posteriormente pasó al Grupo Mixto, mientras que otras fuerzas mantuvieron identidades políticas propias dentro de sus grupos parlamentarios.
Para las elecciones de noviembre de 2026, el escenario incorpora nuevas alianzas:
PSOE, PP y Vox vuelven a concurrir como principales formaciones de ámbito estatal. Los socialistas presentan sus propias candidaturas al Congreso, aunque han alcanzado acuerdos con partidos de izquierda para presentar listas conjuntas al Senado bajo la denominación Senado de Progreso.
Sumar se reorganiza electoralmente bajo la marca Frente Amplio, que reúne a Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid, Catalunya en Comú y otras formaciones. Por su parte, Podemos concurre por separado en buena parte del territorio, aunque existen acuerdos conjuntos en Canarias y la Comunidad Valenciana, y una colaboración electoral con ERC en Cataluña.
Estas diferencias territoriales se recogen en el mapa de candidaturas publicado por RTVE el 18 de octubre, que permite comprobar qué alianzas se presentan en cada circunscripción.
También participan partidos con implantación territorial, como ERC y Junts en Cataluña; EH Bildu y PNV en el País Vasco; BNG en Galicia; Coalición Canaria y otras fuerzas canarias; o UPN en Navarra. Sus candidaturas no se presentan necesariamente en toda España, sino en los territorios donde desarrollan su actividad política.

A este panorama se incorpora Democracia21, el proyecto encabezado por Miriam González Durántez, que ha alcanzado una alianza electoral con Ciudadanos y Unión de Ciudadanos Independientes (UCIN). La coalición se ha registrado para concurrir al Congreso por Madrid y Barcelona, según informó la Agencia EFE el 17 de octubre.
Ciudadanos no obtuvo diputados en las elecciones de 2023 y, por tanto, no ha participado con representación propia en las votaciones de esta legislatura. Su incorporación a Democracia21 supone, sin embargo, que sus posiciones políticas pueden resultar relevantes para quienes estén considerando esta nueva candidatura.
El mapa electoral incluye asimismo otras fuerzas y candidaturas territoriales. No todas las formaciones estarán presentes en todas las provincias y la relación definitiva de papeletas dependerá de las listas proclamadas oficialmente.
Esta diversidad obliga a establecer una diferencia fundamental entre lo que un partido ha votado y lo que afirma que haría. En el caso de las formaciones que han tenido representación, podremos comprobar sus decisiones parlamentarias. Respecto a las que no han ocupado escaños, examinaremos sus propuestas, programas y posicionamientos públicos, sin atribuirles votaciones que nunca realizaron.
Tampoco confundiremos automáticamente la actuación de una antigua coalición con la posición individual de todos los partidos que la integraban. Cuando exista una diferencia documentada, se hará constar.
Las dieciséis preocupaciones que vamos a investigar
No hemos elegido los temas de esta serie a partir de los programas electorales ni de lo que cada partido considera prioritario. Queremos recorrer el camino contrario: partir de las preocupaciones de la ciudadanía y comprobar qué respuestas políticas se han planteado durante la legislatura.
Para seleccionar los asuntos hemos tomado como referencia los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicados desde 2023, junto con estudios de otras entidades demoscópicas, entre ellas Ipsos España.
Es importante distinguir entre dos cuestiones que aparecen en estas investigaciones: los problemas que los ciudadanos consideran más importantes para España y los que les afectan personalmente. No siempre son los mismos.

Tampoco las preocupaciones se han mantenido inmóviles. El desempleo, la economía, la sanidad, la inmigración, los problemas políticos y la corrupción han aparecido de manera recurrente, mientras que la vivienda ha adquirido un protagonismo especialmente notable. En el barómetro del CIS de octubre de 2026, recogido por EFE, un 55,7 % de los encuestados la mencionaba entre los principales problemas del país, frente al 20,9 % que señalaba la inmigración y el 20,3 % que citaba la crisis económica.
Con estos estudios como punto de partida, hemos organizado nuestra investigación en dieciséis grandes ámbitos:

Esta lista no constituye una clasificación estadística exacta de mayor a menor preocupación. Es una agrupación temática de los principales problemas identificados en las encuestas, complementada con asuntos de relevancia social y legislativa. Algunos podrán tratarse conjuntamente y otros requerirán más de una entrega, dependiendo de la cantidad de iniciativas que sean encontradas.
Cómo vamos a explicar las leyes y las votaciones
El procedimiento será el mismo para todos los temas, con un objetivo: que cualquier lector o lectora pueda entender qué se ha planteado en el Congreso y cuál ha sido la respuesta de cada formación política.
Revisaremos las iniciativas parlamentarias relacionadas con cada preocupación durante la legislatura 2023-2026. Esto incluye proyectos de ley impulsados por el Gobierno, proposiciones de ley de los grupos parlamentarios, reales decretos-leyes sometidos a votación y otras iniciativas relevantes que hayan llegado a las Cámaras.
Hemos optado por centrarnos principalmente en las iniciativas legislativas sometidas a votación y en las proposiciones no de ley y mociones relevantes debatidas en el Pleno del Congreso. La razón es que estos procedimientos permiten identificar propuestas concretas y comprobar, mediante los registros parlamentarios, qué posición adoptó cada formación.

No hemos pretendido incluir todas las preguntas parlamentarias, comparecencias, solicitudes de información, enmiendas o iniciativas debatidas exclusivamente en comisión. Tampoco examinaremos exhaustivamente las leyes autonómicas, las ordenanzas municipales ni todas las decisiones administrativas relacionadas con cada asunto.
Abarcar la totalidad de la actividad política y legislativa de las distintas administraciones durante tres años haría inviable una comparación breve, accesible y comprensible. Además, muchas de esas actuaciones no generan una votación plenaria que permita comparar directamente las posiciones de los partidos.
Esta delimitación implica una limitación importante: nuestra investigación no representa necesariamente toda la actuación de cada formación política. En materias como la vivienda, la sanidad o la educación, las comunidades autónomas ostentan grandes competencias y los ayuntamientos desempeñan un papel fundamental que no quedará recogido en su totalidad.
No vamos a reproducir decenas de páginas de textos jurídicos ni a convertir cada artículo en una explicación de todo el procedimiento parlamentario. Nuestro trabajo consistirá en resumir la información esencial:
- Quién presentó la iniciativa: Gobierno, partido o grupo parlamentario.
- Qué proponía: una explicación breve y comprensible de las medidas.
- Quién votó a favor, en contra o se abstuvo: con los resultados parlamentarios documentados.
- Qué ocurrió: si se aprobó, se rechazó, quedó pendiente o no llegó a votarse.
- Dónde comprobarlo: enlace al texto original y a la votación correspondiente.

Hay una precisión necesaria. No todas las votaciones significan lo mismo. Un partido puede apoyar que una propuesta comience su tramitación y después rechazar su contenido definitivo, o votar contra un texto por alguna de sus disposiciones aunque comparta otras. Por eso identificaremos qué se votaba en cada momento y señalaremos los matices cuando sean necesarios para interpretar correctamente el resultado.
También habrá algunas propuestas que nunca llegaron a votarse. En esos casos explicaremos su situación y, cuando esté documentado, los motivos de su bloqueo, retirada o falta de tramitación. No atribuir una votación inexistente será tan importante como reflejar las que sí se celebraron.
La información procederá principalmente de los expedientes y registros oficiales del Congreso de los Diputados, el Senado y el Boletín Oficial del Estado. Cuando examinemos propuestas de partidos sin representación, recurriremos a sus documentos y declaraciones oficiales.
Todas las entregas incorporarán sus fuentes dentro del texto para que las personas puedan acceder a los documentos originales. Somos conscientes de que simplificar leyes y procedimientos complejos puede dejar fuera detalles relevantes; por ello, procuraremos conservar las condiciones y excepciones fundamentales y facilitar los enlaces necesarios para profundizar.
El voto es de cada persona; la información debe estar al alcance de toda la ciudadanía
Ningún partido está obligado a coincidir con nosotros en todas nuestras opiniones, del mismo modo que ningún ciudadano o ciudadana está obligado a asumir todas las posiciones del partido al que vota.
Podemos defender una política fiscal y discrepar de la postura de sus promotores sobre inmigración. Podemos estar de acuerdo con una medida de vivienda presentada por un partido al que nunca votaríamos. Y podemos descubrir que una formación con la que nos identificamos ha rechazado una iniciativa que considerábamos necesaria.
Conocer estas contradicciones no debilita nuestras convicciones. Nos permite examinarlas para decidir cuáles son nuestras prioridades.

Las decisiones parlamentarias tampoco explican por sí solas toda la política. Importan los pactos, los presupuestos, la gestión del Gobierno y de las administraciones, las razones de cada voto y las medidas que finalmente se aplican. Pero las votaciones tienen una ventaja frente a las promesas: están registradas y pueden comprobarse.
En un clima de desconfianza y enfrentamiento político, no podamos resolver todas las dudas que surgen antes de depositar una papeleta. Pero sí podemos intentar sustituir una parte del ruido por información.
El próximo 29 de noviembre cada elector o lectora decidirá qué hacer con su voto. Unas personas acudirán a las urnas convencidos; otras tendrán dudas hasta el último momento. Habrá quienes prioricen la economía, quienes se preocupen especialmente por la sanidad o quienes consideren irrenunciables determinadas posiciones sociales, territoriales o institucionales.
#Tintamanchega no va a elegir esas prioridades por nadie, ni a decirle qué partido debe votarlas. Nuestra intención es que cada votante disponga de los datos necesarios para comparar las alternativas y sacar sus propias conclusiones.
Antes de decidir a quién confiar el futuro, conviene saber qué ha hecho cada uno con las oportunidades que ha tenido para cambiar el presente.

