El Gobierno de Castilla-La Mancha y el Gobierno de España han entregado este jueves a la Comunidad de Regantes del Pantano Estrecho de Peñarroya las obras del proyecto de conexión hidráulica directa entre las redes de riego de las balsas 1 y 2 y el embalse de Peñarroya, una actuación que beneficiará a cerca de 2.000 regantes y 7.842 hectáreas de Argamasilla de Alba, Tomelloso y Campo de Criptana.
El acto contó con la participación del vicepresidente segundo del Gobierno regional, José Manuel Caballero; el consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán; y la secretaria de Estado de Agricultura, Begoña García Bernal, además de la directora general de Asuntos Europeos, Nazareth Rodrigo.
20,3 millones de euros de financiación pública
La actuación está financiada en un 80% a través de SEIASA, mientras que el Gobierno de Castilla-La Mancha aporta 3,4 millones de euros, equivalentes al 16% del coste total.
De este modo, la financiación pública alcanza el 96% de la inversión, con 20,3 millones de euros, reduciendo de forma considerable la aportación que debe asumir la propia Comunidad de Regantes.
Caballero calificó la intervención como “estratégica” para la zona y destacó la colaboración entre administraciones para sacar adelante una infraestructura que busca mejorar la eficiencia de las explotaciones agrícolas.
Una conducción de 5,3 kilómetros para aprovechar la presión del agua
El proyecto permite conectar directamente el embalse de Peñarroya con las redes de riego de las balsas 1 y 2 mediante una conducción de 5,3 kilómetros.

El nuevo sistema permitirá aprovechar la propia presión del agua y reducir las necesidades de bombeo, lo que se traducirá en una disminución de hasta el 68% del consumo de energía eléctrica.
La actuación permitirá además reducir las pérdidas de agua asociadas a los antiguos canales e incorporar sistemas de telecontrol y automatización, con el objetivo de mejorar tanto la eficiencia hídrica como la energética.
“Menos consumo de agua y energía significa también menores costes y explotaciones más rentables”, señaló el vicepresidente segundo.
Más de 7.800 hectáreas modernizadas
La intervención afecta a un total de 7.842 hectáreas repartidas entre los términos de Argamasilla de Alba, Tomelloso y Campo de Criptana.
Caballero recordó también que la Junta ya había respaldado anteriormente a esta comunidad de regantes a través de las convocatorias de modernización de 2017 y 2019, en las que se movilizaron cerca de 1,3 millones de euros de inversión, con más de 571.000 euros en ayudas destinadas a mejorar la eficiencia hídrica y energética.
Según el vicepresidente, el objetivo de estas actuaciones es avanzar hacia unos regadíos con menores costes energéticos, un uso más eficiente del agua y una mayor rentabilidad para las explotaciones agrícolas.
Siete actuaciones de modernización en Castilla-La Mancha
Castilla-La Mancha cuenta actualmente con siete actuaciones de modernización financiadas a través de SEIASA, que suman una inversión conjunta de 45,5 millones de euros.
El Gobierno regional ha respaldado estos proyectos con más de 6,8 millones de euros, con el objetivo de reducir el esfuerzo económico que deben asumir las comunidades de regantes.
A estas actuaciones se suman las impulsadas directamente por la Junta. Según los datos aportados por el Ejecutivo autonómico, hasta el momento se han ejecutado 71,7 millones de euros y modernizado 67.886 hectáreas a través de tres convocatorias, con una ejecución de los fondos FEADER del 95%.
Castilla-La Mancha, segunda comunidad con más superficie de regadío
Castilla-La Mancha es actualmente la segunda comunidad autónoma de España con mayor superficie de regadío, con 583.346 hectáreas, lo que representa el 15,76% del total nacional.
El Gobierno regional sostiene además que la comunidad utiliza un 5,5% menos de agua para riego que la media nacional y se sitúa diez puntos por encima en eficiencia.
En torno al 75% del regadío castellanomanchego utiliza ya sistemas de máxima eficiencia, principalmente riego localizado o por goteo. Caballero insistió en que el objetivo no pasa únicamente por aumentar la superficie regada, sino por avanzar hacia “un regadío cada vez más eficiente”.

