En estas dos entregas de mi sección DivagArte me quiero centrar en las voces que me han sacudido por dentro. En esas canciones y esos intérpretes que me han elevado desde el suelo hasta los cielos. Y han sido muchos.
En la última parte de esta delicia me centro en las voces masculinas que también supieron tocarme la fibra sensible y hacerme vibrar sobremanera. Las caricias de las voces masculinas son tan decisivas en mi ánimo como las femeninas. Y me hacen vibrar igual.
En este menú masculino también tengo un primer, un segundo y un tercer plato. Pero ya os dije –en la parte femenina de este artículo– que no se corresponde con la importancia, sino con la impronta con que me atacaron esos timbres y esas voces.
Solomon Burke
Mi primer dios masculino es Solomon Burke. Este buen hombre era un predicador religioso que venía de enardecer a su parroquia y de elevar las almas que pastoreaba. Solomon Vincent McDonald Burke (1940-2010) fue un músico pionero del soul y del country y miembro del prestigioso Rock and Roll Hall of Fame. Empezó su vida adulta como predicador en Filadelfia, pero pronto pasó a realizar un show radiofónico de góspel. Ojo a su capacidad de combinar el Soul y el Country… es que eso no lo ha hecho tanta gente. ¿Aunar la música negra con la blanquita del country?

En la década de los 60 firmó un contrato con Atlantic Records pero nunca consiguió llegar a las grandes masas como hicieron Sam Cooke u Otis Redding, de los que hablaremos luego.
Su carrera resucitó de algún modo en 2002, con la publicación de Don’t Give Up On Me donde interpreta las composiciones escritas especialmente para el álbum de algunos de los mejores artistas mundiales, como Bob Dylan, Brian Wilson, Van Morrison, Elvis Costello o Tom Waits. Pero tampoco eso le hizo destacar especialmente.
Burke fue padre de 21 hijos (14 hijas y siete hijos) –ni más ni menos, porque las escasas restricciones religiosas al control de natalidad tienen estas cosas– tuvo 90 nietos y 19 biznietos. Si os estáis preguntando, aterradas y con las manos en la cabeza si tuvo los 21 churumbeles con la misma mujer, pues la respuesta es: no.
Estuvo casado cuatro veces, pero además, tuvo buena parte de su extensa prole con mujeres tanto dentro como fuera del matrimonio –las estrictas restricciones morales religiosas tienen manga ancha en cuanto a infidelidad, dependiendo de si es macho o hembra la persona promiscua–.
Su abultada descendencia colaboraba activamente en sus giras y en sus negocios, tanto musicales como de funerarias –es que es inteligente diversificar riesgos y no poner todos los huevos en la misma cesta, como buen enrtepeneur que era–.

Su volumen corporal, que nunca dejó de crecer a lo ancho, le llevó a un momento donde se vio obligado a cantar sentado porque no podía con el peso de su cuerpo, pero aún así, fue capaz de interpretar delicias para mis orejas como Cry to me. Ojo a su capacidad de viajar vocalmente entre los tonos bajos y los altos como quien se cambia de camisa. O quizá mucho más rápido. Así era su gran poderío vocal. Otro regalito: If you Need me.
Murió en octubre de 2010, en Amsterdam, cuando iba a volar para un concierto. Otra muerte lamentable. Le echamos muchísimo de menos.
Otis Redding
Otis Redding es uno de los grandes para mis oídos. Nacido en Dawson (Georgia) el 9 de septiembre de 1941, abandonó los estudios a los 15 años, para ayudar económicamente a su familia y comenzó a colaborar con la banda del gran Little Richard. En 1958 se unió como cantante a The Pinetoppers con la cual hizo giras por los estados del sur.

En 1960 empezó a actuar con Johnny Jenkins y, grabando un disco para Stax Records, tuvo la oportunidad de aprovechar dos sesiones de grabación que ya habían sido pagadas y que Jenkins no iba a utilizar. Así le llegó el primer éxito. El productor de Stax Records, Jim Stewart, le permitió grabar esas dos sesiones de
«sobras», entre las que estaba These Arms of Mine. Y allí comenzó todo. Le siguió otro éxito en su carrera como I’ve been loving you too long de 1965.
Grabó un album, también con Stax Records y giró por Estados Unidos y Europa, culminando en su participación en el Festival de Monterrey de 1967 (el llamado por los jipis «el Verano del Amor»).
En ese mismo año grabó un disco, donde aparecía su éxito más global e histórico: Sittin on the dock of the bay. También fueron muy exitosos los temas Tramp (no confunditr con Trump, por favor), en colabroración con la cantante afroamericana Carla Thomas. Y las canciones Open the door o Nobody Knows You (When You’re Down and Out). La verdad es que el disco no tiene ningún desperdicio. Hablo de estos temas, pero cualquier otro es una delicia para mi.
Peeeero… en diciembre de 1967, Redding tomó un vuelo privado desde Cleveland (Ohio) que se dirigía a Madison (Wisconsin) donde iba a celebrar una serie de conciertos y a grabar un programa de televisión. La avioneta se accidentó, y se estrelló sobre el lago Monona, a solo unos minutos del despegue, desapareciendo en el acto. Quien sabe qué maravillas nos habría legado y regalado mi querido Otis si esa avioneta hubiera llegado a su destino.
Sam Cook
Sam nació en 1931, hijo del reverendo evangélico Charles Cook. Cuando contaba solo con dos años, la familia se trasladó a Chicago. Y en 1950, con 19 añitos, entró como miembro de The Soul Stirrers, ganando gran fama dentro de las audiencias del góspel.
Su primera gran grabación individual fue You send me, que se mantuvo durante seis semanas en el número uno de la lista Billboard de Ritm&Blues, y durante tres semanas en la de Pop. Y fue uno de sus mayores éxitos. El vídeo que os ofrezco no es lo mejor del mundo, pero es el que se emitió en su momento.

Su carrera fue in crescendo de manera espectacular. Ese primer éxito le facilitó fundar su propia compañía discográfica, SAR Records, en la cual pronto comenzaron a grabar grupos como The Valentinos o Bobby
Womack…
Uno de sus primeros éxitos dentro de este sello fue Chain Gang, el cual rozó el segundo puesto de las listas de pop. A este le siguieron muchos éxitos como Sad Mood, Bring it on Home to Me, Another Saturday Night y Twistin the Night Away. En 1963 grabó el álbum Night Beat con tendencia hacia el blues. En este tiempo ya había dado a la música muchos temas indispensables dentro del género.
En febrero de 1964, Sam Cooke publica el que sería su último álbum y el más aclamado por la crítica y el público, Ain’t That Good News. Lanzado pocos meses después de la muerte de su hijo Vincent, ahogado en una piscina con tan solo tres años, nos trae algunas canciones influenciadas por este suceso, al igual que su tema de mayor éxito, A Change Is Gonna Come, uno de los temas que inspiraron el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos durante la década de los sesenta y considerado como el más influyente de Sam Cooke.
Esta canción estaba inspirada en diferentes episodios sucedidos en la vida del artista, como en una ocasión en que él mismo y su séquito no fueron admitidos en un hotel de Luisiana por el hecho de ser negros. Sam Cooke mostró en esta canción toda la frustración que sentía en su interior ante las desigualdades raciales que se producían por doquier en Estados Unidos. Aquí os pongo la letra en español de esta canción tan inspiradora:
UN CAMBIO LLEGARÁ
Nací junto al río en una pequeña tienda de campaña
y, como el río, he estado corriendo desde entonces
Ha pasado mucho, mucho tiempo
Pero sé que vendrá un cambio, oh sí lo hará
Ha sido muy duro vivir, pero tengo miedo de morir
Porque no sé qué hay allá arriba más allá del cielo
Ha tardado mucho, mucho tiempo en venir
Pero sé que llegará un cambio, oh sí lo hará
Voy al cine en el centro de la ciudad
y siguen diciéndome que no puedo estar aquí, que me vaya
Ha pasado mucho, mucho tiempo
Pero sé que vendrá un cambio, oh sí lo hará
Luego voy a ver a mi hermano
Y digo: hermano ayúdame, por favor
Pero me acaba derribando
de rodillas otra vez
Hubo momentos en los que pensé que no podría durar mucho tiempo
Pero ahora creo que soy capaz de seguir adelante
Ha pasado mucho, mucho tiempo
Pero sé que vendrá un cambio, oh sí lo hará
El 11 de diciembre de 1964, Sam Cooke fue acribillado a balazos por la dueña de un motel, una tal Bertha Franklin, a quien supuestamente intentó atacar mientras iba semidesnudo. La mujer declaró que el artista había intentado violar a la chica que lo acompañaba esa noche, Lisa Boyer, quien huyó por una ventana mientras Cooke la perseguía casi sin ropa. Aun así, muchas fuentes especulan que el cantante solo trataba de explicarle un malentendido a la dueña del hotel, que lo mató sin que él se le acercara.
No se quiso dar mayor revuelo al incidente, por lo que no se inició una investigación formal de lo sucedido, acabando todo en un veredicto de homicidio justificado.
Muhammad Alí, amigo personal de Sam Cooke, comentó durante las investigaciones que si hubiera sido Frank Sinatra o los Beatles, el FBI lo habría investigando más. Cooke falleció a la edad de 33 años. Hasta hoy el caso sigue sembrando muchas dudas.
La cantante Etta James –de quien ya hablamos en la entrega anterior de esta serie– vio el cuerpo de Cooke antes de su funeral y rechazó la versión oficial. Etta comentó que las lesiones del cuerpo de Sam Cooke estaban mucho más allá de un simple disparo, que fue tan golpeado que la cabeza estaba casi separada del cuerpo, las manos estaban rotas y aplastadas, y la nariz destrozada.
Nunca sabremos qué ocurrió en realidad. Pero las sospechas siguen vivas. No quiero ser conspiranoico, porque lo detesto y lo odio, pero sospecho que las conclusiones de aquellos tiempos serían diferentes de las investigaciones de hoy.







